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El regreso de Richard Ashcroft y el agridulce efecto “single”

  • En Música
  • 17 marzo, 2016
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El regreso de Richard Ashcroft y el agridulce efecto “single”

Tras 6 años de silencio, Richard Ashcroft, el que fuera líder de The Verve recupera su costumbre de dar en la diana con los singles. Guess it’s life, doing its thing: making you cry, making you think. Escuchando a Richard Ashcroft soslayar semejante sentencia en la mística “Check The Meaning”, probablemente una de sus últimas buenas

Tras 6 años de silencio, Richard Ashcroft, el que fuera líder de The Verve recupera su costumbre de dar en la diana con los singles.

Guess it’s life, doing its thing: making you cry, making you think. Escuchando a Richard Ashcroft soslayar semejante sentencia en la mística “Check The Meaning”, probablemente una de sus últimas buenas canciones, no resulta tan complicado entender los confesos problemas psicológicos del cantante de Wigan. La tendencia a los cuadros de depresión del exlíder de The Verve es de dominio público, él mismo lo ha reconocido en alguna ocasión. Desde que la banda se separara por primera vez a finales del siglo pasado, las ausencias y las excentricidades de Ashcroft se han explicado siempre a partir de las peculiares conexiones de cables en el interior de su cabeza.

En realidad todos estamos enfermos, lo manejamos de formas diferentes, pero todos cargamos con algo, explicaba el cantante en una maravillosa entrevista publicada en 2006 en The Telegraph. En el artículo, que Craig McLean tituló con un nada sutil “Still crazy” (Loco todavía), Ashcroft reconocía que era una persona depresiva y que había tomado pastillas para combatirlo. ¿Prozac? Bueno, algo parecido, pero no duró demasiado, respondía el enjuto cantante de nariz pugilista. Evidentemente, el tratamiento médico no había tenido ningún éxito (por ser todo muy sintético), y había llegado a la conclusión de que su mente no necesitaba curarse de nada.

Sin embargo, ni todas las drogas del mundo explican la decadencia musical de Richard Ashcroft en solitario; de hecho, en muchos casos, la anterior frase es una paradoja cómica difícil de argumentar en la música popular. Desde que debutara en el año 2000, Ashcroft ha insistido una y otra vez en su matemática pasión por el efecto single: desde aquel primer disco con esa apasionante (y apasionada) “Song for the lovers”, el ínclito cantante no ha dejado de decepcionar en extended play. Sólo ese Alone With Everybody, que sobrevivió en gran medida gracias al buenismo crítico derivado de la separación de The Verve, se separa ligeramente de la tendencia a desinflarse de Ashcroft en solitario.

A pesar de que el músico siempre ha contado con el favor del público, especialmente en Gran Bretaña, donde ha vivido de rentas y colecciona discos de oro y platino, pese a su franca decadencia, la crítica tampoco es ajena a su decepcionante costumbre. Después de adelantar “Check the meaning”, una imperial confesión de 8 minutos que en 2002 aventuraba, cuanto menos, una mejora respecto a su primer disco, la realidad fue mucho más cruel: Human Conditions era, en verdad, aún peor que su predecesor. Tras esa intensa confidencia en la que Ashcroft se desnudaba y atacaba abiertamente su pasado con The Verve (there’s no time, no space), no había nada más que decepción. Mientras The Guardian le daba 2 estrellas sobre 5, Drowned in Sound lo despachaba con un 2 sobre 10.

Cuatro años más tarde, Ashcroft regresó con Keys To The World y poco crédito por gastar. Y lo volvió a hacer. “Break the night with colour”, en menor medida que sus antecesores, volvió a ejercer de single anzuelo. Aunque su tercer disco en solitario era, en conjunto, meridianamente superior a la deslavazada colección anterior, el LP no estaba a la altura de un single que alcanzó el tercer puesto en la lista de singles del Reino Unido en 2006. El disco, que fue oro en Irlanda, sólo pudo salvarse en Uncut, mientras Pitchfork (2 sobre 10) y Rolling Stone (2 sobre 5) lo condenaban sin compasión más allá del single.

Algo similar ocurrió, aunque en menor medida, con su incursión bajo la nomenclatura de RPA & The United Nations of Sound, que en realidad no auguraba nada bueno en 2010. Ahora, después de 6 años de silencio editorial en los que ha abandonado conciertos tras una canción y también ha llenado aforos de 70.000 personas, Ashcroft regresa con “This is how it feels”, una sufrida balada de violines (otra más) que reverdece los laureles como compositor del frontman de The Verve. Para comprobar si el inglés cumplirá con la tradición del factor single habrá que esperar: These People, su próximo disco, no verá la luz hasta el 20 de mayo.

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