Paseos al límite #12: Huerta valenciana, tan cerquita y tan lejana - el Hype
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Paseos al límite #12: Huerta valenciana, tan cerquita y tan lejana

En el imaginario colectivo valenciano la huerta es un elemento de identificación que se siente próximo, se cuida poco y visita menos. El barrio fonterizo de Ciudad Fallera la tiene al lado, pero separada por infraestructuras que la convierten en una postal lejana. Un paseo de fuertes contrastes, con alcachofas y cebollas silenciosas, a la derecha, y

En el imaginario colectivo valenciano la huerta es un elemento de identificación que se siente próximo, se cuida poco y visita menos.

El barrio fonterizo de Ciudad Fallera la tiene al lado, pero separada por infraestructuras que la convierten en una postal lejana. Un paseo de fuertes contrastes, con alcachofas y cebollas silenciosas, a la derecha, y el fragor automovilístico de la ronda norte a la izquierda.

El objetivo era acceder al barrio de Ciudad Fallera, en el extremo noroeste de la ciudad, desde la huerta más próxima. Tardamos más de tres cuartos de hora en pasar de un lado a otro, sin parar de lloviznar. Arrancamos desde enfrente del McDonald’s que hay junto a la avenida Juan XXIII. Lo bueno con este tiempo es que la lluvia saca brillo y el ambiente está más limpio. El camino está claro, pegado al murete de la Ronda norte, con una espléndida panorámica a la derecha de lo mejor y más conservado de la famosa huerta valenciana en regresión, que alcanza hasta la Sierra de la Calderona y se contempla mejor más adelante cuando, tras hallar una salida de la vereda, miramos desde lo alto del desvío que sale de la ronda para entrar en el limítrofe término municipal de Burjassot.

Entre medias, hemos visto de cerca la amplia arrocería denominada Alquería del Pi, secular y rehabilitada, y, a continuación una de las casas de campo en cuyas paredes ha intervenido el dúo Allmuro, que defiende la huerta con su pintura mural, en este caso una imagen de tiro y arrastre. Luego, el vecindario de Poble Nou, la torre de la iglesia de Carpesa, y más y más alquerías y motores de riego. En lontananza, el borde urbano de la huerta, el parque de L’Eixereta de Burjassot, la finca de las monjas de Godella, Rocafort, Massarrojos, Montcada envuelta en niebla y más allá Vinalesa.

A la derecha, la Alquería La Torre en Ciudad Fallera @Juanjo Hernández

A la derecha, la Alquería La Torre en Ciudad Fallera @Juanjo Hernández

Quien quiera puede intentar llegar al mirador del bar La Parra y desde allí, bordeando la acequia de Montcada, hacer uno de los mejores itinerarios  hortícolas. Pero nosotros, en la encrucijada, optamos por cruzar la Ronda hacia Ciudad Fallera, cosa harto difícil, porque esta parte de la ciudad está diseñada para que los habitantes del barrio puedan contemplar la Huerta próxima pero no acercarse a ella sin sortear grandes infraestructuras. Tenemos que pasar por Burjassot, bordear la rotonda de entrada a la población y volver a entrar a Valencia por el puente de la avenida de Burjassot. Desde allí, se ve el siguiente puente, el del tren, que cruza la Ronda norte camino de convertirse en sur, antes de llegar a Ciudad Fallera.

Vemos enseguida la fantasmal antigua Quinta Nuestra Señora de las Mercedes, donde un militar granadino que hizo fortuna en América  construyó en 1869 el palacete que se conoce como el Casino del Americano. La imagen de abandono de este enclave, que en su día fueron 30 hectáreas de huerta y se convirtió en local de ocio en los 80 (Saudi Park) es tal que incluso produce miedo en un día gris y lluvioso como este. Solo es equiparable al ruinoso estado de las vecinas  Alquería del Moro, la de la Torre y la Casa de Paco Lluna. Triste herencia, expropiada en su mayor parte por el Ayuntamiento con un desembolso de varios millones de euros que parecen tirados a la basura.

Naves industriales de la Ciudad del Artista Fallero @Juanjo Hernández

Naves industriales de la Ciudad del Artista Fallero @Juanjo Hernández

Barrio popular el de Ciudad Fallera, que recibe el nombre de la actividad que desarrollan los artífices de monumentos festivos en una zona de naves industriales que merece una visita en una jornada de actividad artesanal. No un domingo, como es nuestro caso, día en que hasta el Museo del Ninot está cerrado. Solo en la puerta de la iglesia católica se ve un grupo de gente. También se ve entrar en una de las naves a dos personas elegantemente vestidas; es la sede de la Christ Embassy, una iglesia evangélica en la que suelen escucharse cánticos religiosos.

De regreso al punto de partida, ya del lado urbano de la Ronda norte, saltan a la vista los contrastes de Nou Benicalap, con modernas urbanizaciones, promociones de casas de pueblo que jamás se hicieron, algunas alquerías que inexplicablemente persisten entre grandes fincas, parques vacíos y agradables paseos.

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