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Cine y TV

Palmarés Berlinale 2015: Jafar Panahi gana el Oso de Oro por “Taxi”

Palmarés Berlinale 2015: Jafar Panahi gana el Oso de Oro por “Taxi”

El tinte político de la Berlinale tampoco se privó de conceder el gran premio del jurado a la controvertida El Club, de Pablo Larraín. No hay mejor imagen de la Berlinale 2015 que la que retrata a la sobrina de Jafar Panahi, Hana, alzando el Oso de Oro que el jurado presidido por Darren Aronofsky concedió anoche al

El tinte político de la Berlinale tampoco se privó de conceder el gran premio del jurado a la controvertida El Club, de Pablo Larraín.

No hay mejor imagen de la Berlinale 2015 que la que retrata a la sobrina de Jafar Panahi, Hana, alzando el Oso de Oro que el jurado presidido por Darren Aronofsky concedió anoche al filme del realizador iraní, Taxi.

Respondida con el entusiasmo de una audiencia volcada, el galardón a Taxi reivindica la libertad de la que el gobierno iraní ha privado al cineasta, impedido de viajar al extranjero o de conceder entrevistas desde 2010; pero también honra la creatividad cinematográfica a la que ha sido capaz de recurrir Panahi para contar una historia a través de una pantalla, de una gran pantalla de cine.

El Festival de Berlín acostumbra a premiar las películas de Panahi, y ahí mismo tenemos los Osos de Plata a Offside (Gran premio del jurado en 2006) y Closed Curtain (Mejor guión en 2013); en general favorecidas por el tinte político que suele cubrir la atmósfera del certamen año a año. En este caso, lejos de controversias en el gusto o polémicas en el mensaje, el reconocimiento es tan obvio como de necesaria celebración. Taxi, de Panahi, no es sólo política por las evidentes referencias del filme a las constricciones que impiden al director ejercer su trabajo, sino que además es una road-movie fresca y divertida que pese a sus limitaciones -está rodada enteramente dentro de un taxi- ofrece un vistazo punzante y certero de la Teherán actual.

La disparidad evidente la encontrará el jurado que encabeza Aronofsky con el Gran premio del jurado a la chilena El Club, de Pablo Larraín, que contaba con el respaldo de la prensa y presentaba la crítica más voraz del certamen, con su mirada a una pequeña comunidad de curas chilenos en obligado “retiro espiritual”. Claudia Llosa, que entregaba el premio, aprovechó para hacer el apunte esclarecedor del día: Estamos ante una película que acabará convirtiéndose en un clásico del cine, porque la significación de los dos galardones más potentes de la ceremonia es más que evidente.

El Club no tendrá problemas para apuntarse más tantos a lo largo de un año -quizá dos- por seguro repleto de reconocimientos y debates eclesiásticos, pero Panahi necesitaba un empuje más enérgico. El logro que acomete con Taxi quedaría algo empañado de haber recibido “otro” Oso de Plata, de ahí la importancia del dorado.

45 Years. Berlinale

El otro largometraje que mayor consenso había tenido a lo largo de la Berlinale, 45 Years, también vio premiada la que es su mayor victoria, las interpretaciones de Tom Courtenay (mejor actor) y Charlotte Rampling (mejor actriz), quien dedicó el premio a su padre, el medallista olímpico Godfrey Rampling (Oro por Reino Unido en el 4×400 de los JJOO de Berlín 1936). Como la joven chica competitiva que era, quería lograr algo por mí misma en Berlín y quizá en algún punto recoger el testigo que dejó mi padre. Bueno, creo que este Oso hará el truco, relataba orgullosa la actriz británica.

Películas más discutidas como Body, de la polaca Malgorzata Szumowska (mejor dirección ex-aequo); Aferim!, del rumano Radu Jude (mejor dirección ex-aequo); e Ixcanul, del guatemalteco Jayro Bustamante (premio Alfred Bauer a la película que abre “nuevas perspectivas”) se repartieron el resto de gloria.

En lo anecdótico quedaron los galardones al mejor guión, para el chileno Patricio Guzmán por su documental El botón de nácar, y el Oso de Plata ex-aequo para las direcciones de fotografía de la rusa Under Electric Clouds (por Sergey Mikhalchuk y Evgeniy Privin) y la alemana Victoria (por Sturla Brandth Grovelen), rodada en una sola toma de 140 minutos y de la que Darren Aronofsky dijo que había rocked su mundo (de la muy positiva expresión anglosajona rock my world).

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