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El país de las maravillas (Le meraviglie, 2014)

El país de las maravillas (Le meraviglie, 2014)

La televisión tambaleó los cimientos de la vida alternativa en una granja de Umbría. El país de las maravillas contra El paraíso perdido. La película de Alice Rohrwacher nos implica con inmediatez en El país de las maravillas, en el ambiente de una familia formada por cuatro hijas, un padre orgulloso de criar a su

La televisión tambaleó los cimientos de la vida alternativa en una granja de Umbría. El país de las maravillas contra El paraíso perdido.

La película de Alice Rohrwacher nos implica con inmediatez en El país de las maravillas, en el ambiente de una familia formada por cuatro hijas, un padre orgulloso de criar a su prole en el campo, al margen de la vida burguesa (Sam Louwyck), y una madre entregada a esa misión compartida (Alba Rohrwacher). La sorprendente madurez de Gelsomina (nombre de reminiscencias fellinianas), la adolescente hija mayor, partícipe de las tareas de la granja y paciente cuidadora de sus hermanas pequeñas, nos seduce paso a paso, mediante la hábil combinación de la ingenuidad, la responsabilidad asumida en el grupo familiar y las inevitables preocupaciones e intereses de su edad, que se sobreponen a valores y prejuicios impuestos por una educación rígida.

El intimismo de esta narración, enmarcada doblemente en un entorno rural (finales de un verano en la región de Umbría) y en una vida familiar retratada en la cotidianidad, de manera que permite al espectador sentirse casi rozando las paredes de un caserón desconchado, enlodándose las botas y oliendo a los animales en una granja precaria, adquiere desde su arranque (las niñas en el baño, despiertas a medianoche, entre susurros) un tono que se mantiene a la perfección, mientras el calado de la historia va ganando profundidad sin afectarle.

Le meraviglie (2014, Alice Rohrwacher)

Ese final de la pubertad, con su despertar a un ámbito superior que insta a traspasar los límites de lo conocido y familiar con decepciones inherentes al proceso, arrastra en su tránsito, a veces traumático, a veces sigiloso, a toda la familia. Esta se encuentra  implicada en los necesarios cambios a que se debe enfrentar, afectando especialmente al padre, representante de unos valores del hippismo en el siglo XXI y unos principios marcados por la inflexibilidad con que los defiende.

Este paralelismo a la hora de abrirse al mundo es el hallazgo de Rohrwacher, narrado en sus sobresaltos y pequeños desencuentros que ponen al descubierto que la opción por la vida idílica y el aislamiento de la prole, por la que los padres velan, no puede esconder las profundas grietas de las prioridades que dirigen sus vidas, así como el discutible respeto por la libertad de su familia, cuando procurar por sus intereses implica imponer cuáles son estos. Sin embargo, la modulación de la actitud paterna y la exaltación del amor a la prole, esquivan el tono trágico en la confrontación, aun a riesgo de caer en el “buenrollismo”. La contención y el pulso firme al obviar el riesgo del brochazo, el retrato de una pieza, que sabe evitar, para que podamos mirar a los ojos a sus personajes es otra gran baza que convierte esta película en una obra que no debe pasar desapercibida.

La fascinación por la belleza, la fantasía, la atracción por un modelo de feminidad diferente del que se le ha transmitido (encarnado por el personaje de Monica Bellucci), provoca que Gelsomina inste a su familia a participar en un programa de televisión, El país de las maravillas, poniendo a prueba los cimientos de un estilo de vida que sus padres creían a salvo de amenazas. La negociación con la realidad se impone en toda la familia como una necesidad, resuelta con más o menos traumatismo, donde los sueños de unos y otros deben compartirse o negarse, implicando también el reconocimiento de las propias ambiciones sin coartadas que las defiendan.

Le meraviglie (2014, Alice Rohrwacher)

El país de las maravillas es una película bella, bien narrada e interpretada por la siempre minimalista e intensa Alba Rohrwacher y, sobre todo, por la estrella adolescente Alexandra Lungu, la actriz rumana que ha saldado su debut con dos premios internacionales a su trabajo, en una carrera de galardones que arrancó con el Gran Premio del Jurado del pasado Festival de Cannes.

Eva Peydró
ADMINISTRATOR
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