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Hermosos y malditas

Óscar Peyrou: el agente secreto

Óscar Peyrou: el agente secreto

Óscar Peyrou es presidente de la asociación española de la prensa cinematográfica, periodista y escritor. Estos días está a punto de publicarse Al entrar en el río, la primera muestra antológica de sus relatos de ficción. La extraordinaria expectación que ha provocado el anuncio de este volumen literario se está viendo acompañada por una oscura

Óscar Peyrou es presidente de la asociación española de la prensa cinematográfica, periodista y escritor. Estos días está a punto de publicarse Al entrar en el río, la primera muestra antológica de sus relatos de ficción. La extraordinaria expectación que ha provocado el anuncio de este volumen literario se está viendo acompañada por una oscura polémica, seguramente inexistente, pero en algún punto desgarradora –me digo a mí mismo mientras miro de perfil el número de visitas a esta entrada en EL HYPE– en la que se entremezclan cuestiones estéticas, políticas y novelescas en torno a su poliédrica figura.

JESÚS G. CÍVICO: Óscar, eres uno de los dos delegados españoles de FIPRESCI en nuestro país. Además, eres periodista. Algunos de nosotros pudimos leer tus libros de relatos publicados en Argentina y en España; ahora está a punto de presentarse Al entrar en el río (ediciones Canibaal, 2017), la primera  antología de tu obra de ficción que recoge casi 50 años de producción literaria. Eres cosas muy distintas, ¿quién ha escrito este libro?

ÓSCAR PEYROU: Cada uno de nosotros tiene varias personalidades. Algunos, incluso, son una muchedumbre. No lo sé. Lo que si sé es que lo mejor del libro es tu prólogo que, por cierto, escribí yo.

"Al entrar en el río", Óscar Peyrou

J.G.C.: He podido leer el volumen. Me parece maravilloso y una oportunidad de leer prácticamente todo lo que has escrito en este formato, pero me ha llamado la atención un cierto caos desorganizado. Conociéndote, sospecho que se trata de un caos de acuerdo con tu intención, y sin embargo intuyo que finalmente el orden (un cierto orden) siempre acaba por imponerse, ¿es así?

O.P.: El criterio que utilicé es hedonista. No pensé mucho en las fechas sino en el contenido o en alguna atmósfera que tienen. Hay textos que se continúan en otros textos, después de 10 o 20 relatos. Finalmente, todo se une. Lamentablemente también se puede leer como una novela.

Fotografía: Fernando Rincón

Fotografía: Fernando Rincón

J.G.C.: Óscar, este libro aparece justo en medio de dos hechos que han suscitado escándalo y entusiasmo a partes iguales. Uno de ellos es la difícil asimilación por parte de la crítica más ortodoxa acerca de tu discurso sobre la posibilidad de hacer crítica cinematográfica de filmes que nunca has visto. Algunas de estas reseñas publicadas en la revista de arte Canibaal han recibido, sin embargo, miles de felicitaciones que rayan el paroxismo, ¿a qué crees que se debe?

O.P.: Mi opinión es que la mayoría de los críticos no tiene instrumentos teóricos para su trabajo. Y en cuanto a los periodistas, su fama es directamente proporcional a su ignorancia. Por otra parte, pienso que alguna gente está cansada de aburridas frases estereotipadas, tópicos y adjetivos. Además, para definir un objeto, en este caso un film, no es necesario hablar de él. Se puede analizar por el contexto o por otros objetos que están contiguos o, simplemente, por su ausencia.

Óscar Peyrou

J.G.C.: El otro es el documental sobre tu persona que está dirigiendo Octavio Guerra, En busca del Óscar, ¿puedes describir al lector de EL HYPE la naturaleza última, y seguramente oscura, de este filme?

O.P.: En busca del Oscar es para mí un misterio hasta que esté montada la película. Me divertí haciéndola. Cuenta la historia de un crítico que por elección intelectual o por pereza no ve los filmes y los inventa a partir de datos externos, como la prosodia de su título, el nombre de los actores, los colores el cartel y su ilustración, etc. Pero también es la historia de una persona, de sus sufrimientos y alegrías, de su rutina.

Slaughterhouse. Fotografía: Antonio Sambeat

Slaughterhouse. Fotografía: Antonio Sambeat

J.G.C.: Al entrar en el río reúne una serie de relatos breves entre los que es posible hallar ciertas constantes temáticas como la extrañeza, el fingimiento y la muerte. Pero la muerte se dice de muchas maneras y creo que por ello frecuentan estos relatos tantos trenes, tantas noches, tantos silencios.

O.P.: La verdad es que no recomiendo la lectura de ese libro. No digo que sea pésimo, pero es bastante malo, con un vocabulario escaso y una imaginación pobre. Prometo que el próximo será, por lo menos, regular. Muestra la versión española de un típico argentino: engreído, charlatán, poco de fiar e incluso, deshonesto. Lo que yo propongo es comprar el libro, mantenerlo entre las manos, sopesarlo durante algún tiempo en la oscuridad y el silencio, sentir sus dimensiones, pasar los dedos suavemente por sus páginas y su cubierta, evaluar su textura, olerlo, investigar si tiene algún movimiento autónomo, intentar mantener un diálogo con el, pero no leerlo. En el mejor de los casos, usarlo de adorno al lado de esos gatitos de porcelana de Lladró, tan elegantes. Actualmente me interesa la ortografía del silencio.

J.G.C.: Hablando de silencio, no has desmentido todavía los rumores sobre el impacto que Al entrar en el río ha tenido en la reciente destitución del jefe del FBI o en la escalada de la tensión entre Japón y Corea del Norte, ¿podemos sacarte algo en exclusiva a este respecto?

O.P.: Saber algo importante y no revelarlo es el máximo grado de poder que puede tener una persona. Por ello, solo confesaré una cosa: hay únicamente un responsable de la política estratégica mundial, una sola persona que mueve todos los hilos. Es un enano calvo con mal aliento que vive en una aldea del sur de Madagascar, a orillas del rio Ujiji. A su servicio están todos los presidentes y reyes del planeta. El solo orienta los cursos de acción generales; Por eso, en cada país la acción de gobierno y la corrupción son más o menos diferentes. Consideren los lectores que me arriesgo mucho al decir esto. Ya estoy viendo personajes sospechosos en las esquinas de mi casa. Volvemos después de la publicidad.

Hermosos: secretos

Malditas: entrevistas

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