Oasis y Xavier Dolan contra el "hype" - el Hype
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On connaît la chanson

Oasis y Xavier Dolan contra el “hype”

Oasis y Xavier Dolan contra el “hype”

Los booms mediáticos es lo que tienen: desnaturalizan productos que ni son la genialidad que aseguran algunos ni el bluff que dicen otros. Wonderwall y Mommy son dos de esas obras acechadas por las connotaciones de la moda. Que no, que Oasis no eran unos pesaos. Lo parecían, por supuesto, y hasta puede decirse que

Los booms mediáticos es lo que tienen: desnaturalizan productos que ni son la genialidad que aseguran algunos ni el bluff que dicen otros. Wonderwall y Mommy son dos de esas obras acechadas por las connotaciones de la moda.

Oasis

Que no, que Oasis no eran unos pesaos. Lo parecían, por supuesto, y hasta puede decirse que se esforzaban mucho por serlo (la actitud estrella del rock nunca ayuda). Pero, con tanto revuelo mediático a su alrededor (la fiebre brit-pop), era fácil cogerles manía. O creerte que realmente eran The Beatles reencarnados, por supuesto. Ese era el dilema a mediados de los 90: comulgar con la exaltación de la prensa british  o desconfiar y abominar de un grupo simplemente porque sus alrededores son sospechosos de entusiasmo irreflexivo. El caso es que una cosa es la necesidad de renovar el star-system musical a bombo y platillo y otra las innegables virtudes del candidato que la industria y la prensa escogen para renovarlo. Porque, distorsiones de la imagen pública al margen, Oasis tienen un disco extraordinario: el que sale juntando las mitades buenas de su primer y su segundo álbum, más algún single suelto. A partir del tercer álbum, no obstante, pues… sí, sí que se convirtieron en unos pesaos.

Mommy (2014, Xavier Dolan)

Las canciones que siguieron a (What’s The Story) Morning Glory, por lo general, son un ladrillo y las anteriores… casi han quedado salpicadas por el barro de su producción posterior. Así que es fácil creer que ya nunca más vas a disfrutar Wonderwall, hasta que llega Xavier Dolan y te dice te equivocas. El jovencísimo director canadiense, otro afectado por la obstinación de las modas que necesitan crear nuevos héroes (también en el cine de autor y en los festivales de categoría A), tiene talento de sobras. En la desmesura está su sello personal. Sus películas son ciclotímicas, deslavazadas y fluyen a borbotones. Mommy, por ejemplo, es una peli a chorro. Los aciertos y desaciertos de esta melodrama de madres sufridoras e hijos de bofetón se suceden en formato hipertexto. Cuesta separar grano de paja. A no ser que te lo señalen explícitamente, porque cuando se ensancha la pantalla y suena Wonderwall, quizá sea un truco muy efectista, pero también muy efectivo. Entonces es cuando piensas que todo hype, al menos parcialmente, está justificado.

Joan Pons
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