Narcos, Pablo Escobar y el "binge-watching" - el Hype
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Pérdida de series

Narcos, Pablo Escobar y el “binge-watching”

Narcos, Pablo Escobar y el “binge-watching”

La nueva serie original de Netflix prueba las aptitudes de la plataforma para estrenar producciones atractivas, adictivas… y poco más. Estamos más que acostumbrados al ritmo made in Scorsese que imponen las películas sobre narcotraficantes*. Voz en off, presentación de personajes, dibujo de la trama criminal, consumo de drogas y un par de pinceladas sobre

La nueva serie original de Netflix prueba las aptitudes de la plataforma para estrenar producciones atractivas, adictivas… y poco más.

Estamos más que acostumbrados al ritmo made in Scorsese que imponen las películas sobre narcotraficantes*. Voz en off, presentación de personajes, dibujo de la trama criminal, consumo de drogas y un par de pinceladas sobre las consecuencias: adictos y rivales muertos.

Narcos, la nueva serie original de Netflix, toma prestada parte de esa herencia para relatar el ascenso y caída del capo del cartel de Medellín, el colombiano Pablo Escobar (Wagner Moura). Porque tras convertirse en uno de los traficantes más ricos del planeta, acabará por llamar la atención de los detectives del departamento norteamericano anti-droga afincado en el país, Steve Murphy (Boyd Holbrook) y Javier Peña (Pedro Pascal), que serán los encargados de darle caza.

José Padilha (Tropa de élite), que dirige los dos primeros episodios, establece el marco estético y narrativo de este intercambiable toma y daca de cazadores y presas. Las imágenes de archivo se entrelazan con los escenarios, extremadamente detallistas con los colores, y juntos ordenan la cronología de la biografía criminal de Escobar.

Narcos

Aunque la credibilidad de ese relato siempre está en entredicho. Cualquier espectador puede descubrir en la red la cantidad de tramas y personajes inventados a los que acude Narcos por el bien de su cadencia. Porque podríamos excusar a la serie si sus invenciones ayudaran al estudio de sus protagonistas, pero lo cierto es que todo queda al final supeditado a ese cómputo de muertes, traiciones y escapatorias.

Claro que Narcos es un producto nacido para el binge-watching; Es el hijo cocainómano de House of Cards. Allí la adicción al poder se sobrelleva con videojuegos y traiciones políticas, mientras que en Narcos la política queda descartada a medio camino y lo que resta es más droga, más asesinatos y un evidente desaprovechamiento de virtudes.

Gustavo Gaviria, el primo de Pablo, destaca como uno de los personajes más fascinantes de la serie por ser la voz de la razón del cartel. Y sin embargo, también es la prueba viviente de que Narcos tiene un problema. El momento en el que un capítulo supedita un personaje al devenir de los billetes ensangrentados, quedan demostradas las cortas ambiciones del conjunto: gustar a los cuñados.

Narcos

Claro que como entretenimiento, Narcos es una producción sobradamente adictiva y destaca por encima del gran plantel de chorradas que pasan cada año por la televisión estadounidense. Tal y como otra de sus familiares, El séquito, también es atractiva, tanto por reparto como por apartado técnico. Viene comandada por una dirección de fotografía divertida de desentrañar -tratad de encontrar qué elementos de cada escenario están recién pintados de amarillo, verde, rojo o azul- y sus escenas de acción están cargadas con el nervio oportuno.

Incluso quedaría a aplaudir de Narcos su capacidad a la hora de enmarcar a Escobar en el contexto social y político de Colombia. Los capítulos detallan con elocuencia la meteórica carrera criminal del capo de cara a justificar la cantidad de poder con la que acabó contando. No es algo que no pueda hacer un documental, pero aquí contamos con cierto acceso privado al drama y a la caída libre moral de un grupo de personajes que nunca están del todo polarizados.

Es bueno también ver a Pascal de vuelta en la televisión y considero un complemento el poder comparar lo inventado por la serie con la verdadera historia de Escobar. No sé si Moura (no es nativo en castellano), el delirante capricho de Padilha de colocar a su protegido como protagonista, hará lo suficiente como para que abandonéis antes de tiempo, pero hay alguna que otra recompensa por el camino en Narcos.

Además, ahora que llega Netflix a España, ¿estáis seguros de no querer ver la serie de la que va a estar hablando vuestro cuñado el resto del año?

Este interesantísimo artículo de Slate, en el que ponen a la serie por las nubes, habla también de un género de cine latinoamericano de serie B que desconozco y que parece va bastante en la línea de lo que hace Narcos.

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