Bodegueros más cerca del cielo - el Hype
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Bodegueros más cerca del cielo

Bodegueros más cerca del cielo

Podría parecer la labor de un equilibrista o de un loco, pero hay bodegueros que se sitúan en la cuerda floja para elaborar vinos cuerdos en tierras hostiles y en alturas de vértigo. Si un vino te emociona, se queda corta la lectura de la contra etiqueta y sientes la necesidad de viajar al lugar

Podría parecer la labor de un equilibrista o de un loco, pero hay bodegueros que se sitúan en la cuerda floja para elaborar vinos cuerdos en tierras hostiles y en alturas de vértigo.

Si un vino te emociona, se queda corta la lectura de la contra etiqueta y sientes la necesidad de viajar al lugar que te ha regalado ese momento de felicidad. No se trata simplemente de hacer enoturismo o visitar la bodega. Quieres ir más allá, pasear entre sus viñedos, pisar la tierra donde enraíza la vid, tocar esas hojas rasposas que atrapan el sol y el rocío.

Si respiras hondo te traen la brisa del mar o el monte bajo, te sitúan en un valle, en una llanura o una ladera, es como ponerle nombre y apellido a las cepas. Hay pocos paisajes tan evocadores y cambiantes dependiendo de la estación como los viñedos. Por eso, aún llaman más la atención aquellos vinos nacidos de geografías imposibles. Vinos de altura donde el hombre ha conseguido cultivar la viña ganándole terreno a la montaña, construyendo terrazas y sistemas de vértigo para su cuidado y para su recolección, en un pulso sin tregua con la naturaleza.

Es esta una viticultura de retos, pero también de alegrías, con cambios de temperatura abruptos, grandes oscilaciones térmicas entre el día y la noche y un suelo en general pedregoso, con buen drenaje, que consiguen hacer fuertes a las cepas y donde la uva se defiende cubriéndose de una piel más gruesa y, por tanto, mucho menos expuesta a plagas y enfermedades. Una radiación intensa que da más antocianos, los encargados del color del vino, y una maduración óptima que amplia el abanico de aromas. Esto supone menos pesticidas, por lo que es más fácil apostar directamente por la agricultura biodinámica o ecológica.

El cambio climático también ha influido para que muchos bodegueros miren hacia lo alto buscando latitudes cada vez más elevadas para el cultivo de la vid o recuperando zonas que habían sido abandonadas, pero que conservan tesoros de cepas antiguas. Suelen ser pequeñas parcelas, de difícil acceso y rendimientos bajos. No se si salen en el libro Guinness, pero hay lugares donde se elabora vino que realmente sorprenden por su altitud, los viñedos andinos, en la provincia de Salta en Argentina, considerada la región vitivinícola más alta del mundo, se sitúan entre los 2.300 y 3100 metros de altura, sin caminos asfaltados ni poblaciones cercanas, donde un par de bodegas pugnan por ese título de récord.

Volviendo a Europa, parece lógico situar en los Alpes suizos el viñedo más alto del continente y, de hecho, los habitantes de Visperterminen se jactan de ello. Debe ser que las Islas Canarias no están en su imaginario, porque realmente es en la isla de Tenerife, plantadas en hoyos para protegerse de los vientos alisios, donde sobreviven cepas hasta los 1750m. Ya en la península, a vista de pájaro entrando desde el sur, nos encontramos en la Alpujarra granadina con Barranco Oscuro, la bodega donde Manuel Valenzuela ha recuperado viñedos abandonados que llegan hasta los 1368 metros. Vinos naturales apuntalados por una filosofía de vida.

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Sobrevolando el mediterráneo, en la sierra de Aitana descubrimos el viñedo en forma de herradura donde se acuna el vino Mas de Sella a 900 metros de altitud, pero tan sólo a 14 km del mar. Seguramente en una cata a ciegas nos despistaríamos sobre su origen. Celler de la Muntanya entre la sierra de Mariola y la de Benicadell, partiendo del concepto de micro viña también sería un proyecto en el que el entorno, la recuperación del viñedo y de una forma de vida van unidos.

En la Comunidad Valenciana, encontramos otros vinos de altura, en todos los sentidos, en la meseta de Utiel y Requena, empezando por el primer vino de pago en esta zona, la D.O.P El Terrerazo, cuya Finca Calvestra, tierra de la merseguera del Mestizaje blanco, está situada a 900 metros superando la media del lugar. Lo mismo sucede en el terruño donde nace la tempranillo de L’Angelet de Bodegas Palmera. Nombre apropiado para un vino que está más cerca del cielo. Ecología y temperamento parecen coincidir en estos vinos únicos. Y todavía podríamos seguir viajando por las alturas hacia el norte, pero es hora de volver a casa y abrirse una botella de vino.

Clara Ruiz
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