Louis Garrel es un hombre fiel - el Hype
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Louis Garrel es un hombre fiel

Louis Garrel es un hombre fiel

Louis Garrel se reafirma como un realizador intrépido con L’homme fidèle, su delicioso segundo largo después de Les deux amis (2015), que no llegó a estrenarse en nuestro país. Presentada a competición en el Festival de San Sebastián, esta sugerente película que también protagoniza, con un toque a lo Léaud (su querido padrino en el

Louis Garrel se reafirma como un realizador intrépido con L’homme fidèle, su delicioso segundo largo después de Les deux amis (2015), que no llegó a estrenarse en nuestro país. Presentada a competición en el Festival de San Sebastián, esta sugerente película que también protagoniza, con un toque a lo Léaud (su querido padrino en el mundo real), es una propuesta en la que se nota que la cámara ama a Laetitia Casta, su mujer a ambos lados de la pantalla.

Louis Garrel y Laetitia Casta se casaron, en efecto, con total discreción, en Córcega en junio de 2017, y son, me consta, una pareja feliz. En L’homme fidèle no ocurre exactamente lo mismo. Son pareja, sí. Pero él está a punto de irse a trabajar (de periodista además, qué cosas), y ella, recién levantada, en camiseta y braguitas, intensamente guapa, resplandeciente incluso, le anuncia que está embarazada. Sólo que de Paul, el mejor amigo, un personaje que quedará fuera de plano. En parte porque, tras esta ruptura aparentemente indolora, hay un salto temporal, y Garrel y Casta se reencuentran, ocho años después, en el entierro de Paul. Y Garrel, que sigue fielmente enamorado, aprovechará la circunstancia para recuperarla.

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Entran entonces otros elementos en juego: el hijo de Marianne —el personaje de Casta—, al que da vida el pequeño Joseph Engel (sic), traumado por la muerte de su padre, y la hermana del invisible Paul, encarnada por una encantadora Lily-Rose Depp, que en Donosti ha batido récords en el trayecto de la limusina al hotel. Apenas seis segundos. El público congregado se quedó sin selfies y sin autógrafos. Una pena. Pero qué le vamos a hacer.

L’homme fidèle es un comedia ligera, en el buen sentido. Louis, que desde que interpretó a Godard se ha convertido en una máquina de citas, cita pues a Milan Kundera, compatriota de Milos Forman, precisa además, que al parecer se preguntaba si la profundidad residía en la gravedad o en la ligereza. La respuesta es equívoca, si nos atenemos al título de la obra más famosa del checo (a Kundera me refiero, y la levedad del ser, que le parecía insoportable). Pero no seremos nosotros los que nos empeñemos en defender la pesadumbre. Ni el cine plomizo. Somos más de la levedad a lo Vila-Matas, puestos a citar a otro que cita sin parar. 

L’homme fidèle, acaso profunda, tiene en cualquier caso la ligereza de una obra teatral, entre libertina y romántica,  pero trasplantada al París del Siglo XXI. La cosa tampoco es sorprendente. Garrel hijo se mantiene fiel a una tradición muy francesa. Aunque L’homme fidèle es un texto original —escrito a cuatro manos por el propio Louis y el histórico Jean-Claude Carrière, coguionista además de los últimos dos films de Philippe Garrel—, no hay que olvidar que Louis, además de icónico hijo del legendario Philippe, también tiene su formación teatral y que lo de trasplantar obras clásicas al París de hoy en día es algo que le viene de largo. Recordemos, por ejemplo, que en sus tiempos de actor fetiche de Christophe Honoré, protagonizó, entre otras, La belle personne (2008), el film que lanzó a Léa Seydoux, y que era una adaptación de La Princesse de Clèves, el clásico atribuido a Madame de Lafayette, trasladado al París de hace ya 10 años. Recordemos también que escribió su primer largo, Les deux amis, junto a Honoré, y que se trataba de una versión contemporánea de Les caprices de Marianne (sí, como el personaje de Casta), del muy romántico Alfred de Musset. Y recordemos, ya por último, que Louis Garrel también representó, junto a Isabelle Huppert, sobre las tablas y ante la cámara, Les fausses confidences, de Marivaux, ambientada en la actualidad por Luc Bondy, que falleció poco después.

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Louis Garrel recuerda a Bondy: Yo ya había trabajado en su compañía cuando tenía 18 años, y me enseñó algo que no olvidaré jamás. Yo estaba tratando de preparar una escena pensando en todas las acciones que había llevado a cabo el personaje a lo largo de la obra, para ser coherente. Él me dijo que no tenía miedo de ser contradictorio, porque en la vida todos nos contradecimos constantemente. Lo ilógico es mucho más humano que la lógica pura. La sentencia viene a cuento, porque en su segundo largo las acciones de sus personajes carecen de lógica, cosa tampoco sorprendente ya que la película habla de amor, y ya se sabe lo loco que es el amor, que no atiende a razones. Carrière, que también se encuentra en la misma habitación, atendiendo al teléfono cada vez que le llama alguien (su mujer o una oferta de compañía telefónica), aprovecha para citar a Pirandello, el cual se encontraba escuchando a una de sus actrices, que se quejaba de no entender al personaje. Respondió: No sé por qué me lo pregunta, si no soy más que el autor. Pirandello era italiano, pero el chiste parece francés. Y añade, un personaje tiene que poder sorprenderse con sus propias acciones. Ya lo decía Marivaux” apostilla Garrel, el sentimiento no precede la acción. El sentimiento nace durante la acción. Y Volker Schlöndorff, que también ha trabajado con Jean-Claude (en El tambor de hojalata y en Un amor de Swann, que nos permitirían citar a Grass y Proust), decía también algo parecido, que creemos que pensamos y que luego actuamos en consecuencia, cuando la mayor parte del tiempo es al contrario. Actuamos y luego pensamos en lo que hemos hecho. Se podría añadir que también está el que no piensa nunca, porque no tiene tiempo o porque no puede, pero no viene al caso.

Con estas premisas de total imprevisibilidad, Laetitia Casta estaba un poco perdida. Le pasó un poco como a la actriz que se quejaba a Pirandello. Según su actual marido, tenía problemas, porque no entendía al personaje. Y esto es porque, gracias a Jean-Claude Carrière, comprendí que cuantas menos indicaciones psicológicas se incluyan, más libertad tiene el actor, y más espacio tiene el espectador para proyectarse en el personaje. Laetitia tardó seis meses de ensayos en encontrar la manera de hacerlo más humano. Es la ventaja que tienes cuando trabajas con alguien a quien conoces bastante bien, que está más disponible para lecturas y ensayos. Y cuando no tienes demasiado presupuesto, tienes que ensayar mucho para poder rodar rápido.

Louis Garrel y Golshifteh Farhani en Les deux amis.

Hablando de rodar con gente a la que conoces bastante bien, le hago notar a Louis que —al margen de Valeria Bruni-Tedeschi, que le filmó a él, compartiendo también planos, en Actrices (la película en la que se conocieron) y, seis años después, en Un castillo en Italia (ya separados)— ha filmado a su primera mujer, Golshifteh Farhani en Les deux amis, y a la segunda, Laetitia Casta, en L’homme fidèle. ¿Es la cámara también una forma de ‘posesión’ amorosa? Carrière afirma jocoso que se trata sin duda de algo sexual. Y Louis, más fino, explica que una actriz tiene siempre dos personalidades. Una en la vida y la otra en el plató. Y tenía ganas de descubrir por mí mismo, y tener, esa otra parte. Descubrí ese lado como autodespectivo que Laetitia exhibe en la película, y me dije que, si ha podido interpretarlo tan bien, es porque en el fondo de sí misma ella es un poco así. Rodando descubrí muchas cosas de Laetitia que no conocía.

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