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Los recovecos de Valonia más allá del CETA

Los recovecos de Valonia más allá del CETA

Hasta hace poco menos de un mes, muchos no se atrevían a señalar Valonia en el mapa. Situada en el corazón de Europa, entre Países Bajos, Alemania, Luxemburgo y Francia, y a pocos kilómetros de Bruselas, Valonia es la región más extensa de las tres que conforman Bélgica. Con 3,6 millones de habitantes, acoge al 32%

Hasta hace poco menos de un mes, muchos no se atrevían a señalar Valonia en el mapa. Situada en el corazón de Europa, entre Países Bajos, Alemania, Luxemburgo y Francia, y a pocos kilómetros de Bruselas, Valonia es la región más extensa de las tres que conforman Bélgica. Con 3,6 millones de habitantes, acoge al 32% de la población en el 55% de la superficie del país.

La reticencia del Parlamento valón a firmar el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Canadá ha copado los titulares y viñetas de la prensa internacional durante las últimas semanas. Los valones se pusieron gallitos ­–literalmente, si se atienda a su bandera– y alzaron la voz ante el gobierno belga, la UE y Canadá. El Gobierno socialdemócrata valón optó por bloquear la firma de un acuerdo comercial. A su juicio, el punto de mayor controversia reside en los tribunales de arbitraje. Según Corporate Europe Observatory, este mecanismo “concede a las grandes empresas extranjeras la potestad de demandar directamente a los países ante tribunales internacionales privados y exigirles una indemnización por adoptar salvaguardias que socaven sus derechos”.

Estos tribunales, sin embargo, no son nuevos: la UE ya los adoptó en su acuerdo de libre comercio con Vietnam, y Canadá lo hizo en la firma del NAFTA con Estados Unidos y México. Esta medida es para los grupos de activistas y antiglobalización la más dañina del acuerdo, de ahí la negativa de Valonia.

Mapa de la región belga de Valonia.

Mapa de la región belga de Valonia.

Las presiones de dirigentes europeos y canadienses a Valonia, para que recapacitase su veto y así ratificar un acuerdo que lleva siete años cocinándose no surtieron del todo efecto. Con los plazos ya vencidos, Bélgica anunciaba que estaría en disposición de firmar el CETA. Con una condición: tras la negociación con el gobierno valón, el Gobierno federal belga se comprometía a llevar ante el Tribunal de Justicia de la UE los controvertidos tribunales de arbitraje para dirimir las diferencias entre los Estados y las empresas y que era, según Paul Magnette, ministro principal de Valonia, el primordial escollo para consentir la rúbrica del tratado.

Con un ajedrez político-económico en el que a Canadá se le agotó la paciencia y donde la imagen del proyecto europeo ha salido escaldada, ahora los gobiernos de los 28 Estados de la UE deben ratificar el acuerdo. Así, más allá de los entresijos económicos y de poder, ¿qué hay detrás de la región que ha cuestionado los estandartes neoliberales y en pro de la globalización?

Valonia es la región belga francófona situada al sur de Bruselas. Curiosamente, Valonia ve a Bruselas como una ciudad cercana y lejana a la vez. Cercana, porque ambas son francófonas. De hecho, la creación de Federación Valonia-Bruselas de la Comunidad Francesa refleja la voluntad política de conectar las dos regiones. Lejana, porque la capital de Valonia es Namur, no Bruselas. Es más, en caso de escisión del país, la mitad de los valones optaría por adherir la región a Francia, según un sondeo conjunto de Le Soir y La Voix du Nord en 2008. Por su parte, los ciudadanos de a pie de Bruselas, ni se sienten flamencos ni valones; por lo que la Federación Valonia-Bruselas es más una construcción institucional de conveniencia que un concepto identitario.

No obstante, tras estos entresijos culturales se esconde una zona que se ha esforzado en distanciarse de Bruselas, Flandes y de la Galia, alegando un modo de vida distinto. Enmarcada en cinco provincias: Henao, Brabante Valón, Lieja, Namur y Luxemburgo, Valonia no es tierra de ciudades monumentales, sino más bien una tierra de Ardenas, de colinas que aspiran a ser montañas y cuencas mineras sedientas. De ahí su tradición minera, que hizo de Valonia la principal potencia económica en Bélgica en el siglo XIX, hasta que la industrialización en Flandes durante los años 50 hizo que la región valona entrase en decadencia. Por ello, más allá de la agricultura de la provincia de Luxemburgo, el impulso económico proviene de la zona hullera y de las ciudades grandes, como Lieja, Namur o Charleroi, que modestamente sacan adelante la economía de la región.

Las Ardenas

Las Ardenas

Namur es el centro de operaciones valón. Tímida y desconocida, de tamaño modesto, es la capital y sede del parlamento que ha dado tanto que hablar. Se encuentra en la confluencia de los ríos Mosa y Sambre y está dirigida por una vasta ciudadela militar que fue una de las fortalezas más poderosas de Europa. A los pies de la ciudadela, su pintoresco y señorial centro histórico la hace digna de visitar. Y alrededor de la capital, reposan pueblos y más pueblos que tejen una identidad estética a través de rocas, teja y madera.

Los valones fueron especialistas en construir humildes pueblos en las orillas más extensas de sus anchos ríos. La ciudad de Dinant así lo refleja. Enclavada entre los macizos rocosos de Las Ardenas y el río Mosa, un peñón fue la excusa sobre la que edificar una ciudadela. Así, el reflejo de las casas y la fortaleza sobre su río ofrecen una estampa digna de postal. De ahí que sea la joya de la belleza valona. Dinant también tiene su propia Notre Dame que se mimetiza con el hilo musical jazzístico, pues en este pueblo valón nació el inventor del saxofón, Adolphe Sax. Para completar la panorámica, se puede conectar la Notre Dame con los restos de la ciudadela gracias a un pequeño teleférico. Ah, y los golosos no deben irse sin probar la extremadamente dulce couque de Dinant.

Lieja, capital de provincia a la que da nombre, es conocida por sus albóndigas en salsa agridulce y por su sirope, una reducción de fruta hecha a base de manzana y pera. Un desayuno no será típicamente belga si no consta de tostadas de mantequilla y sirope de Lieja, sin olvidar los gofres, por supuesto.

Los amantes de la historia universal no pueden pasar por Valonia sin hacer un alto en Waterloo y subir los 226 peldaños que llevan la cima de la colina del León para contemplar el escenario en el que Napoleón fue definitivamente derrotado hace doscientos años. Eso sí, tararear la canción de ABBA es opcional.

En el perímetro de la provincia de Henao se encuentran lugares reseñables como Tournai es la ciudad más antigua de toda Bélgica, o la pintoresca y medieval ciudad de Mons. Mons presumió de ser la Capital Europea de la Cultura en 2015, por lo que todavía quedan vestigios de aquella gentrificación cultural que merecen la pena visitar. Esta coqueta ciudad es una urbe de adoquines grises pero con un caos cromático provocado por edificios como la Grand Place, el Ayuntamiento de fachada gótica o su imponente campanario del Siglo XVII o el teatro Le Manège.

A estas alturas, a nadie le sorprenderá saber que Bélgica tiene la mayor proporción de castillos/m² de toda Europa. Bien lo ejemplifican las ruinas del de Roche-en-Ardenne, el castillo de estilo gaélico de los Duques de Brabante, en La Hulpe o el de Durbuy. Como aviso, llamar a Durbuy “pueblo” resulta hiriente a los valones. Por su cartografía y sus intenciones urbanísticas, Durbuy es la ciudad más pequeña del mundo. Cada rincón destila aires urbanitas a lo medieval, donde abundan las terrazas donde poder probar alguna de las más de 600 cervezas distintas producidas en Bélgica.

Castillo de La Hulpe

Castillo de La Hulpe

Como dato último, además de castillos, en Valonia imperan las abadías. Las más famosas son las de Orval, Chimay y Rochefort, puesto que en ellas todavía se fabrica auténtica cerveza trapense, un tipo de cerveza artesanal elaborada en monasterios trapenses bajo la supervisión de los monjes. De las doce abadías que producen esta cerveza en el mundo, seis están en Bélgica y tres en la región valona.

Tozuda como las construcciones rocosas de su territorio, la socialdemocracia valona ha puesto el foco sobre la falta de transparencia en las negociaciones comerciales, dándole voz y voto a posturas que difieren del neoliberalismo y de la mundialización a cualquier precio. Además de intentar salvar la credibilidad comercial de la UE y de lavar la imagen del bloque como un socio seguro y estable con quien entablar relaciones comerciales.

Y de paso, ha reivindicado su propia región, francófona y en decadencia económica e industrial, frente al norte del país, flamenco, rico y concebido como la cuna del capitalismo y del libre comercio.

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