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Yo lo hago mejor: Versiones con más éxito que sus originales

  • En Música
  • 25 agosto, 2015
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Yo lo hago mejor: Versiones con más éxito que sus originales

Así es la caprichosa voluntad de las canciones, que a veces funcionan mejor lejos de sus creadores. Lo sabía hasta el Macbeth de William Shakespeare: Las lecciones sangrientas que inventamos se revuelven contra su inventor. Y las que no son sangrientas, también; Las que son tan aparentemente inofensivas como una simple canción. Los hay quienes

Así es la caprichosa voluntad de las canciones, que a veces funcionan mejor lejos de sus creadores.

Lo sabía hasta el Macbeth de William Shakespeare: Las lecciones sangrientas que inventamos se revuelven contra su inventor. Y las que no son sangrientas, también; Las que son tan aparentemente inofensivas como una simple canción. Los hay quienes sólo han recibido el desprecio de su propia obra, mucho más cómoda en las manos y la garganta de un desconocido; Una especie de Frankenstein a la inversa en la que es la creación la que abomina de su creador desde el principio. De ese grupo de marginados surge la leyenda de las versiones con más éxito que sus originales.

Mientras Ryan Adams versiona alguna canción de Taylor Swift y alguien golpea el diccionario diciendo versionear, la lista de canciones reinterpretadas con más aplausos que sus originales sigue creciendo de forma imparable. Podríamos llamarlo el factor “I Heard It Through The Grapevine” si el título no fuera tan largo; Aunque, sin duda, no lo es tanto como la estratosférica versión de más de 11 minutos de Creedence Clearwater Revival. Puede haber discusión al respecto de si la guitarra y la batería de la Creedence es mejor que el terciopelo de Marvin Gaye, pero lo que no admite dudas es que ambas superan a la primera versión publicada por Gladys Knight & The Pips.

No se libra la Creedence de observar la otra cara de la moneda kármica. En 1971, Ike & Tina Turner tomaron su “Proud Mary” y, dos años después de que ya fuera un éxito en Estados Unidos, la poseyeron en un acto de reinterpretación funk rock lleno de sudor y espasmos que la convirtió en un ente absolutamente diferente. Aunque en el campo de la reconstrucción irreconocible, el mejor fue Johnny Cash. Tras pasar sin pena ni gloria por los 80, su recuperación de la mano de Rick Rubin en los 90 se saldó con extraordinarios discos y muchas versiones notables; La mejor, por dura y por propia, su visión del “Hurt” de Nine Inch Nails, que acabó por hacer sombra a la original.

Que no cunda el pánico: Que alguien mejore un original no homologa oficialmente el certificado de mediocridad. Al mismo Bob Dylan le ha pasado, y más de una vez. Jimi Hendrix y su desatada versión de la oscura “All along the watchtower”, o The Byrds y su reinterpretación de la icónica “Mr. Tambourine Man” son algunos de sus casos; La versión de Guns N’ Roses del “Knockin’ On Heaven’s Door”, tema principal del Pat Garrett & Billy The Kid de Sam Peckinpah, también se acerca con cautela a la original.

El “Hallelujah” de Jeff Buckley, el “Respect” de Aretha Franklin o el “Tainted Love” de Soft Cell son otros de esos ejemplos paradigmáticos en los que la versión ningunea al prototipo, pero probablemente pocos tienen la intensidad dramática de “Killing Me Softly With His Song”. Dos cantantes pasaron hasta que la canción llegó a Roberta Flack y la hizo un número 1: La australiana Helen Reddy ni siquiera quiso cantarla, y Lori Lieberman la grabó, pero sólo consiguió que sonara en el hilo musical del avión en el que viajaba Flack. El resto es historia, igual que la versión posterior de Fugees que se convirtió en el single más vendido de 1996 en el Reino Unido.

Quizá la historia de The Arrows se le acerque ligeramente. El trío británico, que contó con un par de series de TV en los 70, apenas duró tres años. En ese periodo, lanzaron “I Love Rock ‘n’ Roll” como respuesta al “It’s Only Rock ‘n’ Roll (But I Like It)” de los Rolling Stones, pero no fue más allá del consumo británico. Todo lo contrario a lo que consiguió Joan Jett en el 81, convirtiéndola en un hit y llevándola a números uno en Estados Unidos, Australia, Canadá e incluso Nueva Zelanda.

El selecto grupo de versiones que fagocitan con furia a su original y borran todo rastro de vida anterior cuenta con nombres dignos del neón en lo alto de un edificio. No es difícil creer que “I Fought The Law” (The Crickets) es realmente de The Clash, o que es imposible que Candi Station cantara “You’ve Got The Love” antes que Florence & The Machine. ¿Alguien imagina que “Heartbeats” no salió del puño y letra de José González, o que la voz original de “Limit To Your love” no es la de James Blake? ¿Y que Kris Kristofferson y The Family (el grupo que formó Prince) habían cantado “Me and Bobby McGee” y “Nothing Compares 2 U”, respectivamente, antes que Janis Joplin y Sinéad O’Connor?

También las hay que dejan poco espacio a la duda. En este caso, y más por la fama universal de las originales que por la formalidad de las versiones, tres joyas. El classy rock de Cake reinterpretando y heterosexualizando el “I Will Survive” de Gloria Gaynor sin su beneplácito; La intensidad flamenca del “Hotel California” de los Gipsy Kings que los Coen eligieron para la presentación de The Jesus (John Turturro) en El Gran Lebowski; Y la autenticidad del sello Devo en la versión del “(I Can’t Get No) Satisfaction” de los Stones.

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