Michael Jackson: La música no son hologramas - el Hype
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Vidas salvajes

Michael Jackson: La música no son hologramas

Michael Jackson: La música no son hologramas

Siempre que conozco a alguien que puede trascender en mi vida le pregunto si le interesa la música de Michael Jackson. Eso para empezar a hablar. Si empieza a proferir bullshit de que si era blanco o negro o de si le gustaban los niños tuerzo el gesto y cojo la calle de en medio. Para mí,

Siempre que conozco a alguien que puede trascender en mi vida le pregunto si le interesa la música de Michael Jackson. Eso para empezar a hablar. Si empieza a proferir bullshit de que si era blanco o negro o de si le gustaban los niños tuerzo el gesto y cojo la calle de en medio. Para mí, Michael es innegociable.

Cuando murió “El Rey del Pop” todo el mundo empezó a cacarear sus presuntos excesos, sus demostradas extravagancias y sus difíciles contradicciones de genio precoz. Entonces nadie, o casi nadie, se centró en la impresionante herencia cultural que dejó a su paso. Sin necesidad de entrar en cifras mareantes, lo de Jackson es algo, si cabe, más profundo. Él fue el arquitecto de la estética del videoclip, el coreógrafo de todo aquel que quiere bailar contemporáneo y el constructor de una forma de hacer, trabajar y perfeccionar. Inmersos actualmente en una vorágine de papanatas que cantan con efectos en la voz y temas tan manidos como aburridos, ahora es cuando le quieren rescatar con hologramas en actuaciones llenas de purpurina tardía.

Claro que a la maquinaria algo oxidada de los gigantes discográficos se la suda en Do mayor que Michael fuera vilipendiado, hostigado y juzgado en vida. Total, si se revuelve en la tumba no será lo suficiente como para ser un muerto viviente y revivir al estilo de su eternoThriller.

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Arrecian las actuaciones de los ya de sobra populares cantantes bailongos como Usher, Justin… Alumnos -¿aventajados?- todos ellos. Unos intérpretes, en el sentido más peyorativo del término, que tan pronto asisten a una gala mostrando su último reloj de marca, como están en un homenaje de su idolatrado Michael o en un vídeo de Pitbull; de esta forma, tratan de legitimar (fallidamente) la mímesis que representan. Ahí es donde está precisamente el legado de este excesivo entertainer: todo lo que vemos y escuchamos en gran parte del show business desprende un aroma al de Gary. Aunque en ocasiones este aroma resulte hediondo, como sin ir más lejos en el caso de proyectar un holograma para sentirle algo más cerca. Un esfuerzo que se antoja estéril porque a Michael no le cuidó nadie en vida, sólo sus fans: los más ultras que negaban sus partes más oscuras y aquellos como nosotros que nos quedamos con esa parte más objetiva y a la vez salvaje. Michael dejó tantas canciones grabadas que la carroña puede durar hasta que quieran todos esos ejecutivos sin escrúpulos. No es que no queramos escuchar esas perlas, pero no a cualquier precio. Ya la edición especial del álbum más vendido de todos los tiempos dejaba a las claras que quieren conciliar, as usual, el mainstream más descafeinado con la leyenda.

Ya sucede con otros símbolos generacionales como Elvis o 2Pac, a quien sólo le falta cantar con Nino Bravo desde el más allá. A los ahora muertos no se les respetó en vida y mucho menos cuando empezaron a criar malvas… Es ley de muerte. Más que tener claro quién va a gestionar tus tesoros ponle combinación y cuatro llaves a esas canciones si no quieres que sean maleadas y lapidadas creativamente.

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Sea en la verbena del barrio, sea en unos reputados premios o sea donde sea, Michael será imitado y tenemos que estar siempre preparados para ello. Curioso, un hombre al que ciertos indeseables quisieron enterrar una y otra vez; cuando ya lo está quieren exhumarle en forma de refrito musical con la excusa de que le veneraban. Está bien, os podemos llegar a creer, pero nadie le ha preguntado a Michael si quiere que le toquen el sombrero.

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