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El arte es movimiento

La memoria de la línea: el dibujo y la experiencia humana

La memoria de la línea: el dibujo y la experiencia humana

Una mirada sobre la historia del dibujo es una mirada sobre nuestra historia y nuestra conceptualización del mundo. La premisa nulla dies sine linea  sigue guiándonos en esta reivindicación de la línea como instrumento para sintetiza y descifrar la realidad, pero también de la mancha o de las marcas que demarcan una superficie. “En un

Una mirada sobre la historia del dibujo es una mirada sobre nuestra historia y nuestra conceptualización del mundo. La premisa nulla dies sine linea  sigue guiándonos en esta reivindicación de la línea como instrumento para sintetiza y descifrar la realidad, pero también de la mancha o de las marcas que demarcan una superficie.

“En un papel de trama y gramaje finos, el artista deja correr el lápiz graso con trazos planos más o menos insistentes, dosificando los volúmenes, la luz y la sombra como si cortara directamente de la tela afectiva de la emoción o del recuerdo”. Este descripción de Marc Fumaroli a la salida de su visita a una exposición dedicada a un conjunto de dibujos desconocidos de Seurat en el MOMA neoyorquino en 2008, nos sitúa de entrada en la mejor disposición para descubrir el intenso valor comunicativo que despliega una de las primeras actividades plásticas del hombre al trazar signos sobre su entorno más inmediato y que nos acompaña desde la prehistoria. El dibujo es un hecho fundamental para nuestra configuración como seres humanos sensibles, si somos capaces de interpretar adecuadamente esta energía interior expresiva que se manifiesta también en el canto y la danza.

Paul Klee, Abundancia festiva en P., 1930. IVAM

Paul Klee, Abundancia festiva en P., 1930. IVAM

En palabras del escritor John Berger, el dibujo es descubrimiento, nos fuerza a mirar el objeto que tenemos delante, a diseccionarlo y a volverlo a unir en nuestra imaginación o si se dibuja de memoria, a ahondar en ella hasta encontrar el contenido en el almacén de la propia experiencia. Por esta norma básica se admite de manera consensuada que en la enseñanza del dibujo lo fundamental reside en el proceso específico de mirar: una línea, una zona de color, no es realmente importante porque registre lo que uno ha visto, sino por lo que nos llevará a seguir viendo. Cada marca en el papel se engarza con la siguiente hasta plasmar el tema dibujado, distinguiendo esta aproximación de otras visiones como la pintura que permite cobijarse en el motivo. Todo dibujo es pues un documento autobiográfico que da cuenta de este reconocimiento de un suceso, ya sea visto, recordado o imaginado.

La actividad creadora más profunda de todas es la de dibujar y la más exigente. Su finalidad es descubrir, encontrar la causa y el efecto: la fuerza del color no es nada comparable a la fuerza de la línea, que expone y demuestra lo tangible con mayor definición que la propia vista ante el objeto representado.

Hannsjörg Voth, Ciudad de Orión, 2001. IVAM

Hannsjörg Voth, Ciudad de Orión, 2001. IVAM

En los últimos años asistimos a una eclosión de la importancia del dibujo más allá de su papel en la enseñanza artística que siguió al Renacimiento. Sus bazas son una mayor libertad, unos medios más accesibles al servicio solamente de la imaginación, la creatividad y la técnica. Su potencial latente narrativo y expresivo se ajusta a las nociones de revelación y liberación y su inmediatez e intimismo resultan idóneos para comunicar experiencias. No hay nada más estimulante que ese descubrimiento de la forma pura que constituye la base del dibujo, esa cita vibrante con aquello que nos espera.

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