La isla mínima - el Hype
Share on Pinterest
Share with your friends










Enviar
UOC – Dic17 – Banner cabecera
728 x 90

La isla mínima

La isla mínima

La isla mínima representa un paso adelante en ese cine de calidad, que la taquilla también agradece, concebido con ambición y talento. La isla mínima, dirigida por Alberto Rodríguez (Grupo 7) es un thriller canónico, ambientado en las marismas del Guadalquivir, en 1980, albores del postfranquismo, una contextualización nada banal, que aporta a la trama el

La isla mínima representa un paso adelante en ese cine de calidad, que la taquilla también agradece, concebido con ambición y talento.

La isla mínima, dirigida por Alberto Rodríguez (Grupo 7) es un thriller canónico, ambientado en las marismas del Guadalquivir, en 1980, albores del postfranquismo, una contextualización nada banal, que aporta a la trama el regusto de las maneras enquistadas y díficiles de cambiar de la oligarquía, las primeras huelgas de jornaleros y el díficil tránsito de los miembros de las fuerzas armadas hacia la democracia.

Las interpretaciones de Javier Gutiérrez y Raúl Arévalo, como los policías llegados de Madrid para investigar la desaparición de dos adolescentes, es excelente, real y matizada en cuanto a la diferente filiación y extracción de ambos, su tolerancia y aceptación, con una química de buddies y un aire a lo True Detective innegable. Antonio de la Torre encarna con una verosimilitud impresionante a un ejemplar humano del biotopo, duro, desesperado y básico en su personalidad, mientras que Manolo Solo representa a un periodista de El Caso, personaje inseparable de la escena criminal de la España franquista y primeros años de la democracia, con una hondura y sencillez remarcables.

El desarrollismo, el boom turístico de la Costa del Sol, el caciquismo, la rebelión de los trabajadores del campo y la falta de horizontes de una sociedad condenada a la miseria y la endogamia aparecen en tramas secundarias bien tejidas con el argumento principal, consiguiendo atraparnos en una atmósfera de impotencia y oscuridad asfixiante. Uno de los aciertos del director es el recurso a los planos aéreos, la infografía de los créditos y algunas secuencias, que nos recuerda, por si lo podíamos olvidar, que estamos inmersos en un espacio mínimo, de gente en miniatura, peones, hormigas sin libre albedrío movidas por planes predeterminados que les son ajenos.

Alberto Rodríguez huye en lo posible del componente morboso, para centrarse en la acción, sus orígenes e implicaciones, valorando lo humano y teniendo siempre en cuenta ese mundo que hay alrededor y solo se ve al tomar distancia.

Eva Peydró
ADMINISTRATOR
PERFIL

Artículos relacionados

Comentar

Debes ser registrado para dejar un comentario.

UOC Dic17 – Robapaginas 1

LO + VISTO

Curiosite 2017

Últimos artículos del autor







ART Bancaja

Nuestros autores




Pels Pels – Teatre Talia



UOC Dic17 – Robapaginas 2