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Juan Soto Ivars, la despreocupación como rebeldía

Juan Soto Ivars, la despreocupación como rebeldía

El polémico y punzante columnista y escritor Juan Soto Ivars, ha conseguido en su último ensayo autobiográfico: Un abuelo rojo y otro abuelo facha (Ed: Círculo de Tiza), ejecutar, sin quererlo, un manifiesto en toda regla sin serlo, contra el mito de las dos Españas. Esta hemiplejia, haciendo uso del término acuñado por el filósofo

El polémico y punzante columnista y escritor Juan Soto Ivars, ha conseguido en su último ensayo autobiográfico: Un abuelo rojo y otro abuelo facha (Ed: Círculo de Tiza), ejecutar, sin quererlo, un manifiesto en toda regla sin serlo, contra el mito de las dos Españas. Esta hemiplejia, haciendo uso del término acuñado por el filósofo Ortega y Gasset, vertebra muchas de los problemas ideológicos actuales, donde la autocensura y la reprimenda a granel han terminado por cristalizar en una guerra cultural.

Conversamos con Juan Soto Ivars acerca de su libro y de la multitud de preguntas que genera.

"Duelo a garrotazos", Goya

“Duelo a garrotazos”, Goya

¿Qué te impulsó a escribir este ensayo autobiográfico?

No tengo una ideología que case demasiado bien con los bandos de la guerra cultural. Después de unos años de columnista político en El Confidencial, me he acostumbrado a que me acusen de derechista y de progre, según el día. Por otra parte, encuentro que el mito de las dos Españas lleva a mucha gente a declarar enemigos suyos a quienes tienen otra ideología, y como nieto de rojos y fachas, que eran en realidad personas contradictorias y complejas, el fenómeno de simplificación me revienta. Decidí hacer un poco de introspección, y acabó saliendo una celebración de los perros sin raza.

Hablar de malestar actual, ¿tiene efecto social?

Dudo mucho del efecto social de los libros o los artículos. Quien tiene una idea sobre el mundo, en general, exige a los artículos y libros que lee que estén de acuerdo con él. El elogio que más te hacen cuando escribes de política es amén o yo no lo hubiera dicho mejor. Rara vez te dicen: pensaba lo contrario pero me has convencido.

¿La política del siglo XXI es mucho tuit, mucha pancarta y poco bisturí?

Donald Trump dijo por Twitter que ya no va a usar el Air Force One, y los de Podemos andan en permanente gresca tuitera. ¿Qué puedo decir? Twitter ha dejado de ser una forma de estar al día de la actualidad y se ha convertido en un generador de noticias totalmente intrascendentes, pero muy escandalosas.

Que Dios nos asista, porque hemos caído en manos de ingenieros. Ian Malcolm (Jeff Goldblum).

Ahí, ahí. Siempre cito esa frase. Describe perfectamente lo que nos ha pasado. Entregamos la sociedad a una tecnología cuyo efecto sobre las masas desconocíamos, es decir, dejamos que unos ingenieros que no se preocupaban excesivamente por la ética  reconfigurasen nuestra forma de ver a los otros, y esto es lo que ha pasado.

¿Hay más tiranías en la calle de las que aparecen en los titulares?

La calle se ha convertido en un remanso de paz. Sacar la cabeza de internet y darse un paseo es la mejor terapia para desintoxicarse. Hasta un bar lleno de cuñados que hablan a voces de política es un sitio tranquilo comparado con Twitter.

¿El optimismo es opio? ¿El realismo es repelente? ¿El pesimismo es contagioso?

El optimismo tiene sentido si miramos atrás. Muchas conquistas parecían imposibles, pero hubo gente optimista que dijo que se podía conseguir. El pesimismo tiene sentido si miramos adelante. Ahora mismo, lo más revolucionario es ser conservador: estamos perdiendo el culo por conservar lo que se había conseguido, la sanidad, las pensiones, el trabajo digno, la libertad de expresión. El realismo es no dejarse arrastrar por optimismos ilusorios ni por pesimismos cínicos.

"Un abuelo rojo y otro abuelo facha", Juan Soto Ivars

“Un abuelo rojo y otro abuelo facha”, Juan Soto Ivars

¿Por qué no te da la gana unirte a ningún bando?

No me uno a ningún bando porque todos los bandos tienen demasiadas líneas rojas. No tengo la suerte de creer a rajatabla en nada, así que mi experiencia con los bandos es que en seguida digo algo que me retrata como un traidor, y al traidor se le trata peor que al enemigo. Cambiar de opinión es algo de lo que deberíamos enorgullecernos, pero veo que la gente le saca a los personajes públicos tuits de 2011 buscando la manera de “retratarlos”. Vivimos en un ambiente de censura y de reprimenda constante. Se llama guerra cultural. En abril publico un libro sobre este asunto.

¿Crees que el 99% de las personas que hoy se creen muy de izquierdas, si hubieran nacido hace setenta años serían franquistas (Manuel Astur)?

No, no lo creo. Creo que la mayor parte de la gente es conformista y no está todo el día preocupada por si el régimen se llama franquismo, constitucionalismo o comunismo. La mayoría de la gente quiere vivir bien, estar con los amigos, cuidar a su familia. La política se discute y acalora, pero creo que es mucho menos importante de lo que pensamos los columnistas.

¿Por qué crees que la preocupación nos destruye como sociedad?

No creo que la preocupación nos destruya, pero creo que la despreocupación era una cosa muy sana que estamos perdiendo en las redes sociales. Las redes sociales nos empujan a estar todo el día enfadados por los asuntos más ridículos, por ejemplo, el vestido que lleva Cristina Pedroche en las campanadas de Nochevieja. La despreocupación es decir: ¡Y a mí qué me importa el vestido que lleve esa señora! ¡Y a mí qué más me da que un tipo que no es político ni personaje público diga que se alegra de la muerte de un torero! ¡Y a mí qué más me da que haya gente que se ría de los chistes del Holocausto!

¿Dónde empieza la autopromoción y termina el debate en las redes sociales? ¿No crees que la proliferación de los ”expertos en política” responde a una moda? 

Sí, señalas un fenómeno que llevo observando mucho tiempo. Las redes sociales dan un premio a la vanidad y al ego, lo mismo que pueden acarrear un castigo. Uno se expresa para que le aplaudan, empujado por el fenómeno social que describió Solomon Asch en su experimento. Vemos a gente que dice las cosas no como las piensa, sino como considera que serán aceptadas por los miembros de su bando en la guerra cultural. Como te digo, en abril publico un ensayo sobre este asunto.

¿Qué instrucciones propones para resetear la democracia española?

A la democracia no le veo arreglo. Hay demasiada gente testaruda, ignorante y orgullosa de su ignorancia. Sin embargo, es el mejor de los males. Aunque a veces fantaseo con el despotismo ilustrado, sé que yo no toleraría si se hiciera realidad. Hacemos lo que podemos con la democracia. Eso sí, espero que no aparezca un Trump por aquí.

Para concluir, ¿hacia dónde se dirige Juan Soto Ivars?

El reto al que me enfrento cada día como columnista es no ser cutre. No caer en los errores que critico, cosa que no siempre consigo.

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