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Cultura

Jonathan Franzen: varón, anglosajón y novelista

  • En Cultura
  • 26 Julio, 2014
  • 138 visitas
Jonathan Franzen: varón, anglosajón y novelista

Le han impuesto, de forma quizás un tanto precipitada, los laureles del canon. Jonathan Franzen encarna la obsesión americana por la novela como género narrativo. A partir de su sorprendente apuesta por el realismo dio forma a Libertad, un novelón contundente ideal para un verano ocioso. GRAN NOVELISTA AMERICANO. A Jonathan Franzen no le gusta

Le han impuesto, de forma quizás un tanto precipitada, los laureles del canon. Jonathan Franzen encarna la obsesión americana por la novela como género narrativo. A partir de su sorprendente apuesta por el realismo dio forma a Libertad, un novelón contundente ideal para un verano ocioso.

GRAN NOVELISTA AMERICANO. A Jonathan Franzen no le gusta que le pregunten por el significado del título de su novela Libertad. Oprah Winfrey cometió el error de tirar de ese hilo, cuando el escritor visitó su popular programa televisivo, y Franzen, sonriente, calculadamente tímido y consciente de su innegable magnetismo personal, no pudo evitar mencionar su “odio” hacia esa pregunta, antes de adentrarse en un jardín un tanto confuso donde reflexionó sobre las cualidades paradójicas que la sociedad y la tecnología actuales le aportan al concepto libertad. La precipitada inclusión de Jonathan Franzen en el canon literario ha venido impulsada, en parte, gracias al retrato que Lev Grossman le dedicó en la revista Time, donde le definía como “gran novelista americano”. Si la novela fue desde su origen un género vinculado a las narrativas de las colonizaciones, un país con tendencias colonizadoras tan evidentes como Estados Unidos ha descubierto en el varón anglosajón Franzen a un creador de novelones monumentales a la altura de su folclore nacional contemporáneo. A pesar de su clasicismo, Libertad es una novela que recoge y procesa y en cierta forma neutraliza el siglo largo de experimentos modernistas y posmodernistas en la literatura en lengua inglesa, desde James Joyce hasta David Foster Wallace, con todos los demás inevitables en medio.

LA RABIA DEL HOMBRE BLANCO. Jonathan Franzen es un escritor de una gran fotogenia, pero no por ello renuncia al papel que cabe esperar, hoy en día, de un intelectual riguroso: el de cascarrabias que emite continuas soflamas contra las paparruchas del mundo moderno, con especial fobia por el entorno digital, las redes sociales y, por supuesto, la gran bestia negra de la cultura, Amazon. El engañoso tradicionalismo de su narrativa, pues, tiene una correspondencia en su aureola intelectual de escritor con el puerto ethernet de su viejo portátil Dell capado e inutilizable. Nacido en Chicago y criado en Missouri, Franzen publicó varias novelas antes de los cuarenta, pero no conseguía desprenderse de la imagen de Salieri ante el Mozart incontestable que representaba su gran amigo David Foster Wallace. Fue en 2001, con la publicación de Las correcciones, galardonada con el National Book Award y éxito comercial con más de dos millones y medio de ejemplares vendidos, cuando su personalidad literaria adquirió el fulgor que, en 2010, consolidó su siguiente novelón, Libertad.

SE COMETIERON ERRORES. En el artículo de Time, Lev Grossman escribió que Franzen trata a sus personajes “como el hombre que quiere a su caballo pero no tiene más elección que sacrificarlo”. Libertad es, en esencia, una novela sobre redención, aunque en sus extensas y nutritivas páginas se exponen infinidad de temas contemporáneos, a través de una escritura totalizadora que describe trayectorias concéntricas entre los años 80 y el principio de la década de 2010. Son cuatro los personajes protagonistas: el matrimonio formado por Patty y Walter Berglund, su primogénito Joey y el rockero Richard Katz. Amigo de juventud de Walter y Patty, y elemento desestabilizador en la pareja, Katz es un músico que desprecia el éxito comercial, un artista apegado a su integridad por la vía del anticonsumismo y el antiesnobismo. Franzen se sirve de Katz para reflexionar sobre las arbitrarias leyes de la atracción entre hombres y mujeres, y da la impresión que también le fue útil para establecer un duelo por la muerte de Foster Wallace, que ocurrió un año antes de la escritura de la novela. En el complejo, idealizado, brillante y autodestructivo Richard Katz parecen fundirse las personalidades del propio Franzen y su conflictivo amigo novelista.

Foto: Minneapolis (Alley Raven / Flickr)

Foto: Minneapolis (Alley Raven / Flickr)

CANCIONES PARA WALTER. El tema central de Libertad es la redención. Es así, en parte, porque son tantas las vías argumentales y conceptuales desarrolladas por Franzen que la mayoría resulta de segundo orden ante las experiencias de dolor y renovación que cada uno de los cuatro protagonistas viven de forma individualizada. Además de su aspiración de análisis psicológico –desarrollar personajes desde la adolescencia hasta la mediana edad, de forma compleja y escrupulosamente detallada, no es en absoluto fácil–, Franzen se permite comentar con agudeza las transformaciones sociales que los Estados Unidos han sufrido en las últimas décadas a partir de sus requiebros políticos. Desde el joven matrimonio progresista que conformaban los recién casados Patty y Walter en su suburbio de Minneapolis, hasta la oscuridad de la era Bush Jr y su gestión capitalista de la guerra de Irak, la novela confronta las contradicciones de las dos corrientes ideológicas que han moldeado el país. Esa ambición narrativa supone en la práctica una reflexión sobre la propia naturaleza de la novela, y es en este aspecto donde se perciben las amplias lecturas de Franzen de literatura experimental del siglo XX, aunque no haya ningún tipo de extravagancia en su escritura. Entre las sorpresas más gratas de Libertad destaca su extraño, inesperado y hermoso discurso ecologista, centrado en la figura de Walter como defensor de las aves norteamericanas en peligro de extinción.

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