Bajo el influjo del R'N'B alternativo - el Hype
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Bajo el influjo del R’N’B alternativo

  • En Música
  • 16 noviembre, 2016
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Bajo el influjo del R’N’B alternativo

Vivimos tiempos de confusión. De desorientación. De cuestionamiento de modelos (mediáticos, políticos y -claro- musicales) que parecían intocables, y que se tambalean ante el anticipo de un futuro cuyos contornos no somos aún capaces de vislumbrar. En una época como esta, repleta de postismos (cualquier estilo que se precie está sujeto a verse modificado por

Vivimos tiempos de confusión. De desorientación. De cuestionamiento de modelos (mediáticos, políticos y -claro- musicales) que parecían intocables, y que se tambalean ante el anticipo de un futuro cuyos contornos no somos aún capaces de vislumbrar. En una época como esta, repleta de postismos (cualquier estilo que se precie está sujeto a verse modificado por el prefijo post), llama la atención el brote de la etiqueta alt R’N’B. Básicamente, músicos blancos -no solo de piel, sino de adscripción estética- que se dejan empapar por los nuevos modos de la música negra: por el R’N’B, pero también el hip hop, el trap o hasta el dubstep. Y otros músicos blancos que también se dejan contagiar por ellos, en consecuencia.

Algunos de ellos son estandartes de la desnuda aridez de las guitarras acústicas, que un día descubren los placeres del sampler, de los teclados sintéticos, del vocoder o del auto tune, y deciden reinterpretar su discurso desde la fragmentación, emborronando o dislocando sus canciones para espanto de puristas o de obstinados fieles de su versión primigenia, la más ortodoxa. Los flujos recíprocos de ideas se multiplican, los prejuicios se desvanecen, y el pop que proviene de estilos meridianamente blancos se licúa con los modos de géneros de procedencia negra, con una naturalidad mayor de la que nunca se haya visto en décadas. Sí, la excepción siempre confirma la regla si activamos el retrovisor: Ray Charles o Bobby Womack también grabaron standards del country y Bill Withers afrontó el soul desde un prisma casi folk, por ejemplo, pero asumamos que son ínfima minoría, puestos a ponernos exquisitos.

Hasta el videoclip de “Walk This Way” (Aerosmith con Run DMC), primer cruce frontal entre rock y hip hop en irrumpir en las listas de éxito (y en el imaginario colectivo) puede parecernos anacrónico, entrañablemente ingenuo. Y ya no nos resulta extraño que todo un Kurt Wagner (cuyo linaje sonoro siempre ha hundido sus raíces en su Nashville natal) nos venga con la cantinela de que lo que más ha influido a sus Lambchop a la hora de dar forma a FLOTUS (Merge, 2016), su último trabajo, es la música de Kanye West o Shabazz Palaces. Hasta su público tradicional lo asume con franca entereza, tal y como delatan las caras de satisfacción del público que está asistiendo a sus recientes conciertos europeos, España incluida. Al menos, nadie ha hecho la gracia de evocar a los infaustos pitufos maquineros a la hora de valorar su pasión por el auto tune. Hasta ahora. Crucemos los dedos.

El irlandés James Vincent McMorrow también decía, hace un par de años, que lo único que tenía en común con Bon Iver era que ambos eran cantantes de folk con barba. Habría que ver si hoy en día lo mantendría, porque su evolución tiene visos comunes. La apuesta de McMorrow por otorgar primacía a los sintetizadores en detrimento de las guitarras acústicas, y por reforzar la vis más sinuosa y sensual de su música hasta emparentarla con el soul más melifluo (dicho esto sin connotación peyorativa) no es tan audaz como la de Justin Vernon, pero resulta obvio que el influjo de Drake o de cualquiera de las aventuras de Pharrell Williams se hizo notar en su discurso, a partir de Post Tropical (Vagrant, 2013), y se ha acentuado este año con We Move (Mahogany, 2016). Así lo reconoció él mismo, así que es difícil que alguien aún le compare con su paisano Damien Rice.

Desde un prisma más amplio, y sin que el factor racial sea un condicionante, es la sombra de artistas como Miguel, TheWeeknd, Frank Ocean, FKA Twigs, James Blake o How To Dress Well, junto al omnipresente Kanye West, la que está empezando a guiar los pasos de muchos músicos que ostentan mayor recorrido, contribuyendo a disolver las ya de por sí cada vez más laxas barreras entre la independencia y el mainstream. El caso reciente de Bon Iver, que ya abordamos hace un par de semanas, es síntoma de que hay tendencia para rato. Y bienvenida sea.

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