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Heroínas, no princesas

Heroínas, no princesas

Las princesas de cuento son fácilmente reconocibles, aspiran a ser complemento de sus compañeros y asumir el rol que la sociedad o el sexo opuesto les imponga. Se preocupan constantemente por satisfacer a su príncipe con su belleza, compitiendo con las demás mujeres por ser la más hermosa con el fin de ser, al fin,

Las princesas de cuento son fácilmente reconocibles, aspiran a ser complemento de sus compañeros y asumir el rol que la sociedad o el sexo opuesto les imponga. Se preocupan constantemente por satisfacer a su príncipe con su belleza, compitiendo con las demás mujeres por ser la más hermosa con el fin de ser, al fin, las elegidas. Porque sí, es el príncipe quien elige, y no al revés. Una vez elegida, como si de un mueble se tratase, se someterá a la voluntad y a la iniciativa de su esposo, quien le proporcionará seguridad y protección. A cambio, ella renunciará a tomar las riendas de su destino, poniéndose sin condiciones a su servicio.

Para mantener la unión a su idílico protector, debe estar dispuesta a someterse, bien renunciando a su voz o alejándose de su ámbito familiar. Por supuesto, deberá amarle incondicionalmente, y aunque la maltrate psicológica o verbalmente, ella deberá obviarlo todo y someterse por amor, incluso cuando desemboque en un síndrome de Estocolmo. Surgen así estos seres bellos sin independencia y vinculados inevitablemente a la vida doméstica; es decir, mujeres sin vida propia, iniciativa o ambiciones, anuladas, esperando al hombre que les solucione sus propios problemas.

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Ellas se han constituido en referentes para las niñas y niños de numerosas generaciones creando profundas improntas sobre ellos a la hora de configurar prototipos tanto de mujer como de hombre. Las niñas asumen una serie de códigos asociados a las mujeres adultas. Los niños, por otro lado, asumen una serie de estereotipos relativos a la mujer, que condicionarán su perspectiva en la vida adulta y, con ello, su política y actitud para con ellas.

Es por ello que, en este artículo, reivindicamos la figura de las heroínas de cine, iconos alternativos a la visión heteropatriarcal ofrecida a las nuevas generaciones y que reivindican el papel de la mujer. Hablamos de mujeres opuestas a los roles sexuales tradicionales que aspiran a capitanear su propio destino y rechazar que otros decidan por ellas. Ejemplo que no sólo deberían servir como referente para nuestras hijas, sino también para nuestros hijos.

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Sarah Connor (Terminator y Terminator 2)

Independiente, guerrera y audaz. Fue elegida para llevar en su vientre a John Connor, pero se negó a reducir su papel a eso. Aprovechó las circunstancias para sustituir a su hijo en el liderazgo de la rebelión contra las máquinas, y rechazando completamente ser conocida como “la madre de”, tomó  las riendas,  inclinando la balanza a su favor. Sarah es un ejemplo de cómo las mujeres puede asumir exactamente el mismo rol que los hombres. No siendo su complemento, sea su hijo o su pareja, asume el papel que ella elije, independientemente de su sexo.

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Hermione Granger, Luna Lovegood y Ginny Weasley (saga Harry Potter)

Aunque cada una está enamorada de un personaje principal, reivindican su legítimo puesto en el ejército de Dumbledore. Estas tres alumnas de Hogwarts destruyen el tópico machista de uniformizar al colectivo femenino. Tienen personalidades diferentes, inquietudes diversas, no obstante, comparten una característica común, se niegan en rotundo a ser conocidas como las novias o las parejas de algún fulano heroico. Forman un todo con sus compañeros dentro de la resistencia contra los mortífagos, sin ser relegadas a ningún tipo de trabajo menor.

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Leia Organa, Rey y Jyn Erso (saga Star Wars)

De orígenes sociales diferentes, comparten una misma característica, pues ni la princesa, ni la chatarrera ni la rebelde aspiran a ser damiselas en apuros. Ellas son plenamente capaces de rescatar a sus compañeros masculinos, tomar las riendas y, en caso de ser rescatadas, no tienen por qué empezar una relación amorosa con sus salvadores. Son mujeres que desean ser iguales a sus compañeros, ser vistas dentro del conjunto de los cuerpos (Alianza Rebelde y Resistencia) en los que ellas colaboran.

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Maud (Sufragistas)

Pese a ser un personaje ficticio, representa a miles de mujeres reales que hicieron historia. Y es que Maud representa a aquellas valientes mujeres anónimas que lo arriesgaron todo por el voto femenino. Lucharon por una sociedad más justa, en la que ellas fueran reconocidas como ciudadanas de pleno derecho, por una sociedad para todos y todas. Maud  lo arriesga todo por una causa, su familia, su trabajo, en una palabra su mundo. Toma conciencia de su situación y entiende que no debe estar al servicio de ningún hombre.

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La teniente Ellen Ripley (saga Alien)

Posiblemente, la primera mujer que demostró que no es necesario un pecho generoso ni unas medidas de infarto para ser una heroína de acción. Es un personaje femenino que no muestra ningún tipo de vínculo dependiente con hombres. No es esposa de, hija de, o hermana de. Ella es ella. Ostenta rango de teniente y lo consigue por sus propios méritos, sin mostrar ningún nexo con un tercero masculino. Prueba de ello es el hecho de que vive en un entorno donde a las personas se les conoce por su apellido, y no por su nombre de pila. En otras palabras, hombres y mujeres que trabajan juntos en distribución equitativa de las labores, una conquista aún pendiente.

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Vázquez (Aliens, el regreso)

La gran olvidada de la saga Alien y también esencial para entender la equidad y el feminismo. Como Ripley, está exenta de la necesidad de vinculación dependiente de hombres viviendo en un mundo regido por apellidos. No obstante, su aportación fue excepcional en una escena concreta en la secuela dirigida por James Cameron. Se enfrenta a un compañero que le hace un comentario machista, al que responde de la manera más sutil, destructiva y directa, mostrando la actitud adecuada ante ese incidente. A pesar del contenido de esta la escena, se ve que ciertas personas llevan desde 1986 sin entenderlo.

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Lisbeth Salander (saga Millenium)

Consciente de la violencia machista desde niña, esta hacker sueca sufrió en sus propias carnes agresiones de maltratadores sin escrúpulos. Sabe reconocerlos y su experiencia hace que no se venga con puñetas a la hora de plantarles cara. Lisbeth desafía a machunos asesinos, desde el maltratador  de su madre, hasta el que abusa sexualmente de una adolescente. Todo un símbolo de la lucha contra la violencia machista.

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Imperator Furiosa (Mad Max: furia en la carretera)

Si a priori hablábamos de damiselas en apuros, Imperator Furiosa es la clara representación de una anti-damisela. Rompe con este concepto, demostrando que una mujer puede salvar a otra. Sus planes van más allá, pues se niega a que cuatro mujeres sirvan de harén o de fábrica de vástagos para un casposo misógino, como Immortan Joe. No siempre va a ser Max Rockatansky el héroe.

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Eowyn de Rohan (El señor de los anillos: las dos torres, El señor de los anillos: el retorno del rey)

Tolkien se basó en las escuderas nórdicas o skjaldmö para crearla, mujeres que se unían a sus compañeros varones en las batallas. Es una mujer que se opone a los fundamentos de la sociedad en la que le ha tocado vivir. Criada en un sistema medieval, es decir, plenamente patriarcal, se niega a asumir su rol sexual como mujer. No quiere que sus funciones se limiten a curar a los heridos y consolar a las viudas. Es consciente de su potencial y de ser igual a los hombres y consecuentemente quiere luchar, como sus compatriotas masculinos.

Es opuesta a los fundamentos de los roles sexuales, una excepción dentro de la sociedad en la Tierra Media. Eowyn no aspira a ser una mujer florero, ni el complemento de otro hombre, es ella quien determina su destino y decide a quién ama, es una mujer independiente y que no se deja doblegar por la sociedad en la que le ha tocado vivir.

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Merida (Brave)

Disney ha conseguido adaptar la imagen de “princesa Disney” en los últimos años. Fue en la película Brave la que supuso un antes y un después en esta filmografía. Al igual que Eowyn, vive en un mundo medieval, un universo donde la mujer es concebida como moneda de cambio. Su padre, caudillo de un clan escocés, convoca a todos los jefes clánicos para encontrarle espos y ellos tendrán que competir por su mano.

Sin embargo, Merida, harta de sentirse como un trofeo, toma una importante determinación. Decide competir junto a los otros aspirantes por su propia mano. Demostrando así que una mujer puede tener una vida igual e incluso más interesante que la de un hombre.

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