47 Festival de Sitges, crónica cinematográfica por Javier Cózar
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47 Festival de Sitges: #3 El terror se abre camino

47 Festival de Sitges: #3 El terror se abre camino

Espejos malditos, muñecos poseídos, y canales de agua de siniestro pasado, todos se han dado cita en las últimas horas en este festival de cine que, ya podemos decirlo, va a ser recordado como una de las mejores ediciones de los últimos años. Conviene decirlo ya, ahora que el festival ha atravesado su ecuador y

Espejos malditos, muñecos poseídos, y canales de agua de siniestro pasado, todos se han dado cita en las últimas horas en este festival de cine que, ya podemos decirlo, va a ser recordado como una de las mejores ediciones de los últimos años.

Conviene decirlo ya, ahora que el festival ha atravesado su ecuador y ya es posible una relativa perspectiva: este va a ser uno de los mejores años que se recuerdan de Sitges. En realidad, tan solo en el primer fin de semana ya se pudieron ver más películas interesantes que prácticamente en todo el festival de 2013, pero es que la mayoría de películas que hemos podido desde el lunes confirman una cosecha realmente excepcional.

Las películas de terror puro y duro que han desembarcado en Sitges estas últimas horas no hacen más que reforzar esta sensación. Es el caso, por ejemplo, de The canal, que lamentablemente se ha programado con un único pase en el Retiro en vez de otorgarle la visibilidad del Auditori y del doble pase que se merecía. Y es que estamos ante una producción irlandesa de fantasmas del pasado que se materializan en el presente que, sin pretender (ni conseguir) innovar en el género en ningún momento, consigue helar la sangre en no pocos momentos a partir de trucos clásicos del género usados con dosificación y sabiduría.

Puedo asegurar que la sala estaba congelada de miedo por lo menos en el tramo final de la película, cuando los acontecimientos terroríficos se desatan, una angustia que empapa todo el ánimo del espectador y que incluso en la calle, después de la proyección, cuesta sacarse de encima.

The Canal (Ivan Kavanagh, 2014)

También consigue asustar, y de qué manera, Oculus, ésta sí gracias a una atractiva y original idea: un espejo maldito que, a través de diversas generaciones, ha ido causando el mal a todos los que lo han adquirido. Tal y como ocurría en The quiet ones, la película pretende enfrentar el hecho paranormal mediante un estudio científico, en este caso un experimento cuyo propósito es grabar en vídeo la supuesta (o no) maldición del espejo. El resultado acaba siendo mucho más satisfactorio que el de The quiet ones porque aquí la narración no se limita a dar vueltas sobre la misma premisa, sino que se construye en base a interesantísimos flashbacks que acaban entrometiéndose en el presente de manera bastante perturbadora.

Oculus: El espejo del mal (Mike Flanagan, 2013)

Por lo que respecta a Annabelle, el público que no haya pasado por Sitges no va a tardar mucho en poder descubrir sus cualidades ya que estrena este mismo viernes 10 de octubre. Cualidades que, por desgracia, son más bien pocas, y es que esta especie de spin off de El expediente Warren (The conjuring) resulta ser una cinta de manual en casi todos sus aspectos: sustitos predecibles y bien colocaditos, atmósfera más o menos inquietante, y una progresiva demonización de la vida de los protagonistas. Las más que obvias referencias aLa semilla del diablo y el innegable mal rollo que genera la muñeca protagonista no son suficientes para convencer a un público que, al menos aquí en Sitges, no se ha dejado engañar: el pase de la mañana, con el Auditori casi lleno, ha terminado con silbidos generalizados.

Dejando el terror aparte, pero sin abandonar la excelencia de las películas reseñadas en esta crónica, merece un lugar destacado en la edición de este año de Sitges la producción australiana These final hours, que afronta un tema recurrente en el cine del nuevo milenio como es el del fin del mundo pero desde una perspectiva ciertamente hábil, ya que apuesta como protagonistas de la función por un rudo chulo piscinas egocéntrico y una niña que ha perdido a su padre y lo busca desesperadamente. Cinta de atmósfera en ebullición, de tonos amarillos y naranjas, no alberga ni un ápice de esperanza en su interior y, sin embargo, rebosa humanidad y amor por los cuatro costados. Sin ninguna duda, una película para enamorarse de ella que esconde algunas imágenes de arrebatadora (y espeluznante a la vez) belleza, y que propone, atención, una de las relaciones niño-adulto más hermosas que se han visto en este festival.

Las últimas horas (Zak Hilditch, 2014)

Por último, una película que probablemente pase desapercibida en esta locura non stop que es el festival de Sitges, y es que las tres de la tarde no es precisamente un horario estrella en ningún festival del mundo. Pero ha sido hoy a esta hora cuando se ha proyectado la surcoreana A hard day, que propone un relato de cine negro salpicado con toquestarantinianos, escenas de tensión que parecen diseñadas por Alfred Hitchcock, y todo ello regado con un sentido del humor muy cercano al slapstick y a Jerry Lewis. Con semejantes referencias, no duden que esta es una de las propuestas más sólidas y satisfactorias de esta edición del festival de Sitges, una cinta que va creciendo a medida que avanza y que termina con unos últimos 15 minutos delirantes.

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