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Música

Father John Misty no necesita invitarte a cenar

  • En Música
  • 15 Febrero, 2017
  • 1262 visitas
Father John Misty no necesita invitarte a cenar

El prestigioso cronista musical Greil Marcus escribió sobre Elvis Presley en su celebrado Mystery Train: Images of America in Rock ’n Roll. Pues claro. Entonces decía algo así como que, si la música pudiera sangrar, esa sería la que hacía Elvis. Las distancias siempre hay que salvarlas, es un mantra que supera en importancia a

El prestigioso cronista musical Greil Marcus escribió sobre Elvis Presley en su celebrado Mystery Train: Images of America in Rock ’n Roll. Pues claro. Entonces decía algo así como que, si la música pudiera sangrar, esa sería la que hacía Elvis. Las distancias siempre hay que salvarlas, es un mantra que supera en importancia a salvar al soldado Ryan; en el caso de los ejemplos que pivotan sobre El Rey, salvarlas es una norma tan interiorizada por todos que evidenciar que sólo es un punto de partida resulta incluso ridículo. Cuarenta años después de lo que escribió Marcus hay alguien que posee el escenario con otras herramientas, pero juega a provocar el mismo efecto en su audiencia: Father John Misty.

Si hubiera una música que te invita a cenar con un disco de Al Green y una copa de vino en la mano, esa sería la que hace Josh Tillman. Aquello que dijo Frank Sinatra en los 50 tras la irrupción de Elvis podría encajar, palabra por palabra, con lo que diría hoy un snob a la salida de un concierto de Father John Misty: ese tipo de música es deplorable, un afrodisíaco que huele a rancio; casi todo lo que fomenta son reacciones negativas y destructivas entre los más jóvenes.

A pesar de lo que pudiera parecer, Tillman nunca pareció hecho para aceptar con facilidad el rol de secundario o de prima simpática del pueblo; como J. Tillman, a principios de siglo, lo intentó con profusión (casi una decena de discos en apenas siete años) y, entre otras cosas, consiguió hacerle un poco de sombra a Damien Jurado en aquella gira en la que él era el aperitivo.

Lo realmente extraordinario es que al cantante se le conociera en los círculos independientes como batería de Fleet Foxes, más allá de sus intentos en solitario (que se saldaron, por cierto, con dos muy buenos discos: Vacilando Territory Blues y Singing Ax). Tillman tenía escrito allá donde se escriban las cosas del destino -qué más da, si hay que leerlas- que su zona de influencia estaba en el mismo borde del escenario, enfrentándose a la audiencia. Para conseguirlo, abandonó el traje de Nick Drake y dio a luz a Father John Misty, el alter ego perfecto de J. Tillman; el Henry Chinaski de Bukowski. Lo que en solitario era intimidad, en FJM es seducción; lo que en J. Tillman era honestidad y transparencia, en FJM es sarcasmo, humor y descaro. Lo que en solitario era él, una guitarra y un susurro, en FJM es ese punto de encuentro imposible entre el crooner, la tradición baladista y la instrumentación de honky tonk bar.

Dijo Robert Wyatt que la gente queda impactada cuando les recuerdas que ni Sinatra ni Elvis escribieron ninguna de las canciones que grabaron. No es algo que le suceda a Father John Misty, que ya ha llegado a colaborar con Beyoncé o Lady Gaga. De hecho, su estilo de composición ha adquirido un tono propio, a pesar de que en realidad sólo cuenta con dos discos desde 2012; ambos, eso sí, tan cálidos en su recepción como la entrepierna intelectual de quien asiste a sus conciertos.

El estilo ácido y la crítica lacerante se mezclan con la temática sentimental y los paisajes de una vida más o menos disoluta, creando una amalgama única en estos momentos. Son el reflejo de Tillman, un personaje que domina el arte del escenario y lo entiende como lo que es: un espectáculo. Nada de lo que sucede en un concierto de Father John Misty está fuera de control.

Ni siquiera cuando, en mitad de un concierto, interrumpe su setlist previsto para enunciar un discurso de 6 minutos en el que interpela a los espectadores y, cuando estos aplauden, les pide que no lo hagan: tal vez es el momento para estar profundamente triste de verdad. Ocurrió en el verano de 2016 durante su participación en el XPoNential Music Festival de Camden (New Jersey), que tuvo lugar un día después del discurso de Donald Trump en la Convención de Republicanos. Después de hablar sobre la estultización del ciudadano a partir de la cultura del entretenimiento, Tillman interpretó “Bird On A Wire”, de Leonard Cohen, y se marchó consumiendo poco más de la mitad de lo que estaba previsto que durara su concierto.

Después del apasionante Fear Fun en 2012, del que en Uncut dijeron que recordaba a la mejor tradición del rock’n’roll de la Costa Este influenciado por folk y country, y de la exuberancia sobresaliente de I Love You, Honeybear, Tillman ya ha adelantado tres canciones del próximo. Preparado para ver la luz en abril de este año, y con la maravillosa oda al amor de “Real Love Baby” de por medio (que, al parecer, compuso para Lady Gaga pero luego se quedó), volverá a contar con la participación de Jonathan Wilson en la producción, acreditado en los dos anteriores discos de Father John Misty y pieza fundamental de su éxito.

Pure Comedy será, en palabras del propio músico, la historia de una especie con sólo medio cerebro y su habilidad para desarrollar la ironía como método de supervivencia ante su palpable vulnerabilidad.

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