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Placeres y berrinches

Ese cine español no es para nosotros

Ese cine español no es para nosotros

Cada vez que pasan en TV La ciudad no es para mí, alcanza una alta audiencia. Ese éxito popular da coraje, porque el reaccionarismo de la película es muy virulento. Existe otro cine español, excelente, apenas conocido por el gran público. ¿Por qué se empeñan en ocultarlo? BERRINCHE. En los últimos tiempos, gracias a programas

Cada vez que pasan en TV La ciudad no es para mí, alcanza una alta audiencia. Ese éxito popular da coraje, porque el reaccionarismo de la película es muy virulento. Existe otro cine español, excelente, apenas conocido por el gran público. ¿Por qué se empeñan en ocultarlo?

BERRINCHE. En los últimos tiempos, gracias a programas como Cine de barrio (TVE) y Nuestro cine (13TV), se ha producido una cierta revalorización del cine popular español de los años cincuenta y sesenta: películas dirigidas por Mariano Ozores, Pedro Lazaga, José Luis Sáenz de Heredia o Fernando Palacios, entre otros, interpretadas por Paco Martínez Soria, Manolo Escobar, Lina Morgan o Gracita Morales.

La que siempre consigue altas audiencias es La ciudad no es para mí (Pedro Lazaga, 1966). Da coraje, porque la película despliega un reaccionarismo virulento. Martínez Soría representa al personaje de pueblo que cree tener -y el guión jalea esa creencia- una receta infalible para cualquier conflicto, sea personal o familiar. Esas soluciones son: la madre, en casita a esperar al marido; decoro en la manera de vestir (se escandaliza ante un discreto escote en el vestido de María Luisa Ponte) y guardar siempre respeto a las “buenas costumbres”, que a menudo no sin sino las puertas del infierno vital.

La ciudad no es para mí (basada en una obra del académico Fernando Lázaro Carreter) no está mal rodada, tiene una bonita fotografía en blanco y negro y cuenta con algunos de los actores más solventes del cine español. Ya, pero nunca puedo terminar de verla porque me sublevo con el integrismo del señor de la boina. Luego se enfría mi indignación ante el temor de convertirme en un nuevo Martínez Soria, peligro que nos acecha un poco a todos, cada cual con su zona de sombra particular.

PLACERES. No es el caso del programa que presenta Cayetana Guillén Cuervo en La 2, en el que se pasan buenas películas del cine español más reciente, pero sí causa bastante perplejidad la sistemática elección de títulos infames para Cine de barrio y Nuestro cine.

¿Es un plan preconcebido el que muchos grandes filmes del cine español sean ignorados en estos dos programas? No me refiero ya a los hitos de Berlanga, Bardem y Erice, de los que se acuerdan muy de vez en vez. Pienso en otros directores. Pienso en películas de Mur Oti, en los mejores títulos de Ladislao Vajda (El cebo y Mi tío Jacinto son magníficas), en el imprevisible Edgar Neville, en los ocasionales aciertos de José María Forqué, en la admirable La tía Tula de Miguel Picazo, en el primer Antonio del Amo, en varias de Eugenio Martín (‘Hipnosis’ o la insólita Una vela para el diablo)  y, sobre todo, en algunas películas geniales y malditas dirigidas por Fernando Fernán Gómez (El extraño viaje, la durísima y conmovedora El mundo sigue, las muy divertidas La vida por delante, La vida alrededor y Solo para hombres)… Si la sociedad española conociese mejor ese patrimonio, se sentiría orgullosa a buen seguro de nuestro cine. Pero lo tienen bien guardado en el cuarto de los trastos viejos.

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