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Abandonen el edificio

El universo arquitectónico de las emociones: la alegría

El universo arquitectónico de las emociones: la alegría

Dicen que la arquitectura se considera un arte por las emociones que genera. Existe un proyecto conocido como El universo de las emociones, creado en el año 2015 por Eduard Punset, Rafael Bisquerra, Giselle Laymus y diseñado por el Estudio Palaugea. Se trata de un mapa compuesto por 307 emociones, cuya estructura y organización establecen

Dicen que la arquitectura se considera un arte por las emociones que genera.

Existe un proyecto conocido como El universo de las emociones, creado en el año 2015 por Eduard Punset, Rafael Bisquerra, Giselle Laymus y diseñado por el Estudio Palaugea. Se trata de un mapa compuesto por 307 emociones, cuya estructura y organización establecen un paralelismo entre ellas y la galaxia. Según este universo, al igual que ocurre con los cometas y los asteroides, las emociones cambian, crecen, oscilan, viajan y se relacionan. Ellas son las que determinan nuestro estado anímico, lo que nos hace ser únicos e irrepetibles.

El universo de las emociones, 2015. Eduardo Punset, Rafael Bisquerra, Giselle Laymus y el Estudio Palaugea.

El universo de las emociones, 2015. Eduardo Punset, Rafael Bisquerra, Giselle Laymus y el Estudio Palaugea.

Algo parecido ocurre con la arquitectura, ya que los edificios influyen en nuestros estados de ánimo. Si tomásemos como base este mapa y lo llevásemos al plano de la arquitectura, estoy convencida de que cada uno de nosotros sería capaz de crear su propio universo arquitectónico en función de su situación emocional.

El pasado año se estrenó la película Columbus, del escritor y director surcoreano Kogonada. La película es una original declaración de amor a la arquitectura. Narra la historia de Casey (Haley Ly Richardson), una estudiante apasionada por la arquitectura que no quiere dejar Columbus, para no abandonar a su madre y Jin (John Cho), un traductor recién llegado a la ciudad para cuidar de su padre, un arquitecto que ha sufrido un infarto. En ella, su director nos muestra cómo las construcciones pueden influir en nuestras emociones.

Columbus (Kogonada, 2017).

Columbus (Kogonada, 2017).

El escenario elegido para narrarla es la ciudad americana de Columbus (Indiana). A través de los diferentes paseos que dan nuestros protagonistas por la ciudad, descubrimos una joya de la arquitectura modernista. Una villa de apenas 40 mil habitantes que es considerada por el Instituto Americano de Diseño como la sexta ciudad más innovadora, en lo que a diseño y arquitectura se refiere, justo detrás de ciudades como Chicago, Nueva York, Washington, San Francisco y Boston. En ella aparecen más de 70 edificios de los principales maestros de la arquitectura: Eero Saarinen, I. M. Pei, Richard Meier y Roberto Venturi.

Columbus (Kogonada, 2017).

Columbus (Kogonada, 2017).

Ambos personajes reflexionan sobre la capacidad curativa de la arquitectura. Mientras que Casey tiene clasificados los edificios de Columbus por los sentimientos que despiertan en ella y defiende la idea de que “el arte cura”, Jin opina lo contrario y detesta la arquitectura como forma de rebeldía frente a su padre.

Columbus (Kogonada, 2017).

Columbus (Kogonada, 2017).

Podemos estar de acuerdo o no con Casey, pero lo cierto es que la arquitectura es una disciplina que no deja indiferente a nadie.

Si pensamos en el universo de las emociones de Eduardo Punset y elegimos la primera de ellas, la alegría. ¿Qué edificios nos producen alegría? ¿Cuáles son los que mejor la simbolizan? Seguramente, para cada uno de nosotros el tipo de edificio sería diferente. Posiblemente, para los aficionados al fútbol serían los estadios los que les producen euforia y entusiasmo; para los religiosos, las catedrales e iglesias; para los maestros, las universidades, por citar algunos ejemplos.

En mi caso, la alegría de la que habla Punset la asocio a la luz y al sol. Si pienso en aquellos edificios en los que la luz juega un papel importante y guarda una estrecha relación con la arquitectura son los museos.

El universo de las emociones: la alegría, 2015. Eduardo Punset, Rafael Bisquerra, Giselle Laymus y el Estudio Palaugea.

El universo de las emociones: la alegría, 2015. Eduardo Punset, Rafael Bisquerra, Giselle Laymus y el Estudio Palaugea.

El ejemplo más claro de lo que acabo de decir lo encontramos en la ampliación del Museo de Bellas Artes de Oviedo, obra del arquitecto navarro Francisco Mangado.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado.

Es un proyecto que reúne muchos elementos que lo hacen especial. Entre ellos: la unión exquisita entre lo nuevo y lo antiguo; el desafío que supone construir un edificio nuevo detrás de la piel de uno viejo; la valentía de romper con los cánones tradicionales de rehabilitación, para desprenderse de aquello que resulta innecesario y conservar o poner en valor aquello que realmente importa. Lo que hace extraordinario a este edificio es su luminosidad, que contagia sentimientos positivos en Oviedo, una ciudad en la que la climatología proporciona pocos días soleados.

El arquitecto proyecta una singular obra de arte manteniendo los edificios que inicialmente formaban parte del museo y las edificaciones adyacentes, cuyas fachadas representaban una parte importante de la memoria histórica de la ciudad.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía Pedro Pegenaute.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía Pedro Pegenaute.

Francisco Mangado “pinta” un gigantesco lienzo arquitectónico, compuesto por tres planos, visibles desde el acceso al edificio. El primero de ellos es el lienzo histórico compuesto por las fachadas antiguas de los edificios recayentes a la Plaza de la Catedral, colindantes con el antiguo Museo. Paralelamente a él, sitúa un lienzo estructural, un muro que da soporte y estabilidad a esa fachada recuperada y en el que coloca la escalera y las comunicaciones.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía INDELAC, S.L.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía INDELAC, S.L.

Y por último, tras él, el lienzo contemporáneo que conforma la fachada del nuevo edificio, mitad vidrio, mitad aluminio. Una construcción luminosa, que se percibe a través de los huecos desnudos, sin carpintería, de la fachada histórica.

La unión de ambas fachadas, la contemporánea y la histórica, da lugar a un espacio de gran intensidad y riqueza visual, gracias a la cambiante luz de Oviedo. Los reflejos producidos en su interior, combinados con la propia geometría del edificio, hacen que tanto el usuario como el visitante ocasional entusiasmado contemplen desde la plaza de la catedral una enorme pintura, con múltiples lecturas, en las que se mezcla el pasado, el presente y el futuro de la historia urbana de la ciudad.

El deleite que produce la contemplación exterior del edificio se convierte en entusiasmo al acceder a su interior.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía María Merchante.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía María Merchante.

La luz natural es fundamental para comprender el juego de volúmenes y la organización espacial de los huecos.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía Pedro Pegenaute.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía Pedro Pegenaute.

La percepción del espacio se convierte en placer para nuestros sentidos. La escala y las proporciones de cada uno de los elementos son necesarias para mantener el orden dentro del conjunto. Podemos observar gratamente que la configuración de las cubiertas de zinc del nuevo edificio no es aleatoria, puesto que la posición de los lucernarios es determinante para comprender la composición volumétrica del edificio. El equilibrio que se establece entre todos estos elementos es fundamental para mantener la emoción, cierto romanticismo y las sensaciones que tiene uno al visitar un edificio. El Museo se convierte en una obra de arte, de modo que lo allí expuesto, a menudo, se convierte en mera anécdota.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía Pedro Pegenaute.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía Pedro Pegenaute.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía María Merchante.

Ampliación del Museo de Bellas Artes, Oviedo. Arquitecto Francisco Mangado. © Fotografía María Merchante.

Sólo recibiendo de la arquitectura emociones, el hombre puede volver a considerarla como un arte (Mathias Goeritz, impulsor de la Arquitectura Emocional).

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