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La gran aventura de Pérez

Decálogo contra las redes sociales (I)

Decálogo contra las redes sociales (I)

Si eres usuario de las redes sociales seguro que te has encontrado con el típico cuñao paliza que pone a caer de un burro todo lo relacionado con la Interné y que jura y perjura que jamás, JAMÁS, abrirá una cuenta porque no quiere estar siempre controlado. Este magnífico ejemplar de cuñao antiredes tiene argumentos sólidos como

Si eres usuario de las redes sociales seguro que te has encontrado con el típico cuñao paliza que pone a caer de un burro todo lo relacionado con la Interné y que jura y perjura que jamás, JAMÁS, abrirá una cuenta porque no quiere estar siempre controlado.

Este magnífico ejemplar de cuñao antiredes tiene argumentos sólidos como el monte Rushmore pero, como no está claro que esta subespecie sepa usar un ordenador y nos hace gracia, vamos a facilitar su cruzada con este decálogo contra las redes sociales que empezamos hoy, para que siga dando ambiente en las fiestas.

1. Siempre hay que estar conectado.

Claro que sí. Tener una cuenta en una red social te obliga, te obliga, a estar permanentemente conectado, a estar siempre pendiente de lo que te dice todo el mundo, a poner Me gusta, retuitear y pinear y…

Tener una cuenta en una red social es como tener una lavadora, que te obliga, te obliga, a estar lavando todo el día, sin parar, porque la tienes y tienes que estar todo el día pendiente de ella. ¿Qué es eso de prestarle atención sólo cuando te viene bien, o te apetece? Qué asco de verdad, cómo son.

2. No se controla lo que se dice de uno.

Cualquiera puede decir cosas desagradables sobre ti en las redes sociales y tú no puedes hacer nada. Es más, lo hace todo el mundo, todo el tiempo, porque eres tan interesante y despiertas esas pasiones ajenas que impiden que los demás dejen de nombrarte ni un segundo. Qué fatiguita dan…

No es como la vida real, claro, un ámbito completamente diferente, en el que cada vez que alguien te pone a parir te suena una alarma en el codo que te avisa y te da a elegir entre un calambre de chorrocientos mil voltios en la entrepierna de quien te está mentando sin tu consentimiento o que le salga el pelo verde de repente.

3. Cada uno acaba relacionándote con gente a la que no tocaría ni con un palo en la vida real.

Con lo selectivo que tú eres, que vas por la vida sin hablar con esa compañera de trabajo que te cae mal, o con esa vecina tan hortera, o con esa dependienta de supermercado, con ese gorrito y ese uniforme, tan poco cool… En las redes sociales, al contrario, esa gente te acosa, te pide amistad, te persigue, te obligan a relacionarte con ellos, con sus miserias, su vida de mierda y sus frases de Paulo Coelho. Qué rabia que no se hayan inventado los botones de ignorar, dejar de seguir, bloquear.

4. Se pierde mucho tiempo.

Tener una cuenta en una de las muchas redes sociales a tu disposición es taaaaaan entregado… Claro, es porque firmas un contrato leonino que te obliga, te obliga, a entrar cada cuarto de hora y poner entre 2 y 4 Me gusta o las consecuencias serán terribles: o explota la Isla o se rompe la Internet. Y tú no quieres tener esa responsabilidad sobre tu cabeza… No nos engañemos, las redes sociales se inspiraron en Desmond para tenernos a todos esclavizados para aún no has descubierto qué, pero lo descubrirás.

5. Son superficiales.

Todo va tan rápido que no se puede profundizar. ¿Para qué? si, total, nadie va a leer más que el titular y los pies de foto, y sólo si sale una chica ligerita o un gatito con cara de pena. No hay manera de encontrar reflexiones profundas y fundamentadas en blogs, ni en medios digitales, ni en los comentarios, ni… en ningún sitio. Las redes sociales son superficiales y punto.

¿Quieres más? ¡Hay más, esto es un decálogo! Eh, en el próximo post.

Pérez
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