Curro Claret, o la necesidad de un diseño social - el Hype
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Curro Claret, o la necesidad de un diseño social

Curro Claret, o la necesidad de un diseño social

El componente social en el diseño es indisociable. No se puede concebir el diseño fuera de la sociedad y sus propios conflictos. Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas, el diseño ha tendido a hacer más hincapié en el objeto que en las posibilidades transformadoras de éste en la sociedad. Esta fetichización del objeto,

El componente social en el diseño es indisociable. No se puede concebir el diseño fuera de la sociedad y sus propios conflictos. Sin embargo, a lo largo de las últimas décadas, el diseño ha tendido a hacer más hincapié en el objeto que en las posibilidades transformadoras de éste en la sociedad. Esta fetichización del objeto, donde todo es guay, sexy y consciente de sí, oculta muchas veces unas, cada vez más radicales, diferencias de clase y de poder.

Sin embargo, diseñadores como el catalán Curro Claret, llevan tiempo trabajando en ello para devolver ese diseño hegemónico, abstracto e impoluto, condenado a la hiperexposición mediática, a las personas, que son al final el último destinatario de todo diseño y las que siempre tienen la última palabra, puesto que es impensable una cosa sin la otra.

Curro Claret

En ese sentido, lejos de convertir el objeto en un fin en sí, a Curro le ayuda mucho ver las cosas como herramientas: Todo esto del consumo parece que lleva más a una acción individualista y del ego que no al compartir y participar en una experiencia que implique a más gente.

Este mal es sintomático del individuo contemporáneo, que ya no sufre de ataques virales procedentes del exterior, sino que se corroe a sí mismo entregado a la búsqueda del éxito. Un recorrido narcisista hacia la nada que lo agota y lo aboca a la depresión. Es la consecuencia insana de rechazar la existencia del otro, de no asumir que el otro es la raíz de todas nuestras esperanzas.

Curro Claret

Aunque también es verdad que hay muchos tipos de “diseño” y maneras de entenderlo. Por ejemplo, para Curro, viendo como va el mundo, con todos sus desajustes y cosas que deben cambiar, el diseño que busca estar ahí y trabajar sobre ello, tiene hoy especial sentido. Y eso no quita que “ese diseño” no deba tener y buscar valor en si mismo también. Porque al final, no se trata tanto de hablar sobre los problemas, como de ponerlos en diálogo con la sociedad en la que se inscriben.

Muchas cosas tienen que cambiar, y eso es una cuestión que debe realizarse desde lo colectivo, afirma Curro. Porque todos somos revolucionarios y guapos a través de las redes sociales, pero a la hora de la verdad, vivimos en un solipsisimo permanente, cerrado al otro, a la diferencia. Y si el diseño quiere tener alguna relevancia, tiene que estar más atento a cómo va el mundo y a cómo “no irá”, si en pocos años no cambiamos la manera de vivir y de hacer. O como dijo una vez el señor del tiempo en un telediario sobre el pronóstico para el fin de semana, si nada cambia todo seguirá igual…

El cambio incesante es nuestro modo de conservadurismo. Y, al final, da la sensación de que lo que queremos es estar amontonados para que no se note la sombra, para que nadie sienta frío. No queremos estar juntos, más bien aislados y conectados, balcanizados y federados.

El catedrático y diseñador valenciano Manolo Bañó afirma que vivimos en un gobierno que sólo mira por el dinero. Y el buen diseño no tiene como objetivo principal ganar dinero sino ganar en bienestar común. Pero parece que ese concepto no lo entienden, sólo hay que ver como les preocupa convertir España en un producto de marca. Quizá por eso, al diseño, más que visibilidad, le haga falta fondo y le sobra forma, puesto que hoy cualquier cosa se confunde con el diseño, con la marca y el mercado.

Curro Claret

Esta visión no quiere ser “apocalíptica”, sino agresiva: busca provocar nuestro puritanismo con otra cultura del afecto; con una posibilidad comunitaria, aunque sea efímera. Y Curro Claret, a través de su diseño, busca construir comunidad, sociedad y libertad, aunque sea efímera. Por eso la prioridad no debería estar en el diseño, en sentido abstracto, sino en que atendiera a otros aspectos sociales mucho más importantes como los derechos sociales y la dignidad a las personas. 

En ese sentido, la obra de Curro se convierte en una pieza de resistencia frente a un tipo de poder que se presenta como “fan de ti”, que quiere que disfrutes, que seas feliz y hagas tu vida, aunque en el fondo lo que está alimentando sean las políticas individualistas y clasistas.

Lámparas Curro Claret

Vivimos en una época en la que la relación con las personas no es muy distinta a la que mantenemos con los objetos, con la mercancía. De ahí que sea fundamental, a la manera de Curro, replantear el enfoque del diseño, esto es: del sujeto al objeto, y no viceversa. Ése debería ser el centro de atención, puesto que ahora la sociedad vive en la periferia, vive fuera de la realidad, alejada de la justicia social y de la solidaridad, preocupada por consumir y sobresalir, y por tanto, muy descentrada, concluye Manolo Bañó. 

Así pues, ¿puede el diseño cambiar el mundo? Quizá suene ostentoso, pero para diseñadores como Curro Claret, ésa es la actitud profesional que debe/mantiene con el diseño; intentando mejorar la vida de algunos pocos, los desfavorecidos. Y esto no es otra cosa que hacer sociedad. O dicho de otro modo: de cambiar el sistema desde dentro.

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