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Cinco documentales que te harán odiar la música

  • En Música
  • 1 septiembre, 2015
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Cinco documentales que te harán odiar la música

De la conspiranoia de Kurt Cobain a la egolatría de Madonna y Michael Jackson, pasando por el ridículo de Metallica o el sopor de The White Stripes. A veces, hay que valorar el mérito de hacerlo muy mal. No todo va a ser aplaudir la excelencia positiva. La magnificencia negativa también tiene su encanto; o no, pero

De la conspiranoia de Kurt Cobain a la egolatría de Madonna y Michael Jackson, pasando por el ridículo de Metallica o el sopor de The White Stripes. A veces, hay que valorar el mérito de hacerlo muy mal. No todo va a ser aplaudir la excelencia positiva.

La magnificencia negativa también tiene su encanto; o no, pero la realidad es que parece estadísticamente aún más difícil ser el mejor en hacerlo mal que coronarse en hacerlo bien. Así, rodar documentales en los que la música se convierta en algo tan apasionante como una visita al callista tiene verdadero mérito; Hacerlo, además, a través de algunos de los grupos más atractivos de la música es sin duda digno de ovación cerrada. A continuación, algunos de esos ejemplos en los que sopor, extrañeza y angustia vital se mezclan en una pieza audiovisual que existe sólo para robarte un pedazo de vida que jamás recuperarás.

Estamos en 1991. ¿Quién no querría estar en la cama con Madonna? Salvo Antonio Banderas, quiero decir. Grabar su Blond Ambition World Tour de 1990 parecía una buena idea y, de hecho, a nivel mercantil lo fue, situándose aún hoy en día como uno de los documentales de música más taquilleros. Madonna: Truth or Dare se tradujo en un obvio En la cama con Madonna fuera de Estados Unidos, y posteriormente fue parodiado por grupos como los ingleses Medusa. El documental, un extraordinario ejercicio de narcisismo, se extiende con sopor durante más de dos horas en las que la cinta, por momentos, se acerca más al Celebrities chanante que a la realidad. Por este documental, Madonna fue nominada a los Razzies, los anti-Oscars.

Entre lo chanante y la egomanía ridícula también se desarrolla Living with Michael Jackson, un documental para ABC de Julie Shaw con el periodista inglés Martin Bashir infectándose de egocentrismo. 110 minutos de violines y escenas tan absurdas como ver a Michael Jackson salir corriendo a trepar un árbol en Neverland o asegurar que es Peter Pan. Considerado como uno de los documentales musicales más manipulados de la historia, Living with Michael Jackson contiene los cinco minutos más tensos del cantante: Los mismos en los que habla de su costumbre de compartir su cama con niños. El propio Jackson lanzó más tarde su propia versión de los hechos, con material cortado por Bashir, en Take Two: The Footage You Were Never Meant To See.

Lo de Some Kind of Monster y Metallica es harina de otro costal, y digno de ser estudiado en alguna facultad del mundo. Aporta incógnitas a casi cualquier disciplina. Sobrepremiado, el documental podría ser una continuación del excelente This Is Spinal Tap y una maravillosa comedia rock absurda de no ser porque la cinta de Joe Berlinger y Bruce Sinofsky va totalmente en serio. Estaría bien si no fuera sin querer. No hay heavy en este mundo que soporte, en la misma película, ver a James Hetfield vestir a su hijo pequeño o asistir al careo melodramático y absurdo entre Ulrich y Dave Mustaine (expulsado en el 83 y desde entonces al frente de Megadeth) en el que éste, casi entre lágrimas, le recuerda cómo aún se encuentra gente que le grita “¡Metallica!” cuando lo ve.

En el otro extremo del entretenimiento están The White Stripes. Alabado por la crítica, su Under Great White Northern Lights peca de exceso de costumbrismo. Quizá nadie necesitaba confirmar que Jack White no era la persona más amable del mundo, ni que las habilidades sociales de Meg White están a la altura de las de un oso hormiguero. Grabado durante su tour canadiense en 2007, sólo las actuaciones en directo despiertan el interés (o despiertan, a secas); Su escena en la residencia con los ancianos indígenas es propia de un capítulo de Los Simpson.

Sin embargo, la palma se la lleva Kurt & Courtney. La muerte de Cobain fue un complot y Nick Broomfield, director del documental, se presenta como una víctima más. A pesar de mostrarse asediado financieramente por el séquito de Courtney Love, una especie de Cruella de Vil, Broomfield desgrana la teoría de que el cantante de Nirvana fue asesinado y su esposa está implicada en el crimen. ¿Policías? ¿Miembros del grupo? ¿Manager? No. Para ello recurre a los testimonios de una serie de inadaptados sociales entre los que destacan toxicómanos, la niñera que estuvo un mes en casa de los Cobain-Love (y su amiga), el padre de Courtney Love, una tía de Kurt Cobain, un detective privado en la ruina o un tipo cuya primera intervención en la cinta es un ladrido. La conspiranoia que te hará bostezar.

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