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Por qué el capítulo australiano de “The Leftovers” es tan bueno

Por qué el capítulo australiano de “The Leftovers” es tan bueno

Hay dos conversaciones en el episodio australiano de The Leftovers que definen el capítulo (y la serie) a la perfección. Hablan de los planos reales y espirituales en los que se mueve The Leftovers y de las historias que guían a sus personajes; las que cuentan a los demás y las que se cuentan a sí

Hay dos conversaciones en el episodio australiano de The Leftovers que definen el capítulo (y la serie) a la perfección. Hablan de los planos reales y espirituales en los que se mueve The Leftovers y de las historias que guían a sus personajes; las que cuentan a los demás y las que se cuentan a sí mismos.

En el capítulo “Crazy Whitefella Thinking”, Kevin Garvey Sr. (Scott Glenn) deambula por los desiertos australianos en busca de canciones aborígenes con las que salvar a la Humanidad del próximo diluvio universal. Hasta ahora, Garvey ha grabado y espiado los rituales indígenas para poder copiarlos, pero la letra de la última canción que necesita sólo la conoce el único superviviente, Christopher Sunday (el siempre hipnótico David Gulpilil).

La conversación que ambos mantienen es llevada casi de forma exclusiva por Garvey. Él guía a Sunday por sus viajes y esperanzas para convencerle de que le ayude. Para ello, recurre a su historia de autodenominado Mesías. Y la cuenta de la mejor manera imaginable. Es imposible no sentirse absorbido por la increíble capacidad narradora de Glenn, que relata los obstáculos de su fe amparado en la lógica de cada enlace, de cada iluminación, de cada nuevo paso en el descubrimiento de la última verdad: que él es el único que puede salvarlos a todos del diluvio.

Garvey está convencido de su misión y de que la historia que cuenta es cierta, pero el final de su cuento, en el que asegura poder parar la lluvia cantando, es risible. De ahí que la respuesta cómica de Sunday, que le pide a cambio de la letra que le solucione unas goteras, actúe como desprestigio de Garvey.

El viaje posterior del protagonista, en una de esas odiseas bíblicas de héroes desamparados, es el que de verdad le convierte en un personaje triste. Por eso, el momento en el que finalmente pierde la grabación de su hijo en las Cataratas del Niágara es tan doloroso. Las fuerzas de su fe se están agotando y es decepcionante ver a Garvey descompuesto frente a tan aciago destino.

La siguiente conversación la tiene el propio Garvey con Grace Playford (maravillosa, como siempre, Lindsay Duncan), que en un capítulo anterior ahogaba a un jefe de policía llamado Kevin para obtener respuestas que el espectador desconoce. Esa incógnita funciona a modo de señuelo para que el público se quede prendado de su monólogo. Lo que sigue es otro relato de secuencias encadenadas, a cada cual más lacerante que la anterior. Todas ellas, por supuesto, basadas en la fe de alguien que nunca deja de creer en que hay una última respuesta esperando por gracia de una deidad invisible.

Pero Playford, ya derrotada tras haber cometido uno de los pecados capitales por empeño místico, cede la esperanza en bandeja a quien la había perdido. Garvey se empapa de la historia de Playford y con ella abandona definitivamente su torre de marfil para subirse a otra, la que tiene a su hijo Kevin como Mesías. Se le ve en los ojos al escuchar “jefe de policía Kevin”, casi la misma mirada que tenía al explicar a Sunday el final de cada capítulo de su viaje. Garvey ha logrado encontrar otro cometido. Tiene un nuevo mensaje que predicar.

Es esa forma de narrar la que ha abanderado The Leftovers casi desde el principio: controlar la lógica del storytelling para justificar la textualidad espiritual de lo ingobernable, de los dioses que controlan todo desde arriba. Y Mimi Leder, la directora, vuelve a acercarse a los rostros compungidos de sus protagonistas como pocos en la televisión estadounidense. Son la cercanía en el marcaje del plano, el poder interpretativo que proyectan actores como Glenn o Duncan y la pluma de Damon Lindelof (aquí escribe junto a Tom Spezialy), dedicadísima en este episodio a que sus personajes justifiquen sus creencias en las empáticas (y tristes) historias que les derrotan, los elementos que demuestran lo grande que es The Leftovers. No hay mejor serie viva. Aquí o arriba.

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