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Música

Canciones para la revolución permanente

  • En Música
  • 25 Febrero, 2016
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Canciones para la revolución permanente

El libro colectivo Political World repasa con acierto más de un centenar de canciones que aspiraron, de una forma o de otra, a transformar la realidad social y política que las alumbró. ¿Puede una canción contribuir a cambiar el mundo? Seguramente el simple hecho de plantearse esta cuestión pueda invocar una sonrisa cínica en el lector.

El libro colectivo Political World repasa con acierto más de un centenar de canciones que aspiraron, de una forma o de otra, a transformar la realidad social y política que las alumbró.

¿Puede una canción contribuir a cambiar el mundo? Seguramente el simple hecho de plantearse esta cuestión pueda invocar una sonrisa cínica en el lector. Un gesto de condescendencia, de empatía con el bisoño idealismo que el interrogante puede sugerir en tiempos como los que corren. Como escribe el periodista Esteban Hernández en el certero prólogo de Political World (Ediciones 66, 2015), las 123 canciones que albergan sus páginas son más bien huellas en el agua, caminos que no podemos seguir porque han desaparecido, pero que nos ofrecen pistas para trazar los nuestros.

En tiempos marcados por una enorme fragmentación, por el carácter socialmente subalterno de la música pop y por el escepticismo de la postmodernidad, es más sensato pensar que las canciones pop con marchamo de permanencia son vigorosos testigos de su tiempo, más que motores de un cambio social que rara vez tendrá como uno de sus catalizadores un estribillo, por contagioso que sea. ¿Hablamos de una era que ya no volverá o de un arte que mantiene intacta su capacidad para agitar conciencias? La importancias de las letras no solo se mide por la intención de sus emisores, sino que también cuenta cómo la recogen los receptores, y es indudable que la fuerza del rock no estuvo en su capacidad para tejer sistemas filosóficos, sino en que consiguió que sus oyentes percibieran en tres o cuatro minutos algo que les sobrepasaba, algo que les interpelaba directamente, que llamaba a cambiarlo todo, comenta también Hernández en el prefacio.

Esteban Hernández. "Political world"

Pero, pese a conjugar el pretérito imperfecto invocando al pasado, el tono de Political World acaba siendo más alentador respecto al presente que el de 33 Revoluciones por minuto. Historia de la canción protesta (Malpaso, 2015), el enciclopédico volumen del periodista británico Dorian Lynskey, con cuya traducción al castellano prácticamente ha coincidido en los estantes de las librerías (algunas canciones, de hecho, se repiten en ambos). Porque si este terminaba su recorrido con “American Idiot”, de Green Day, en 2004, el libro colectivo editado en nuestro país (escrito por periodistas como Fernando Navarro, Eduardo Izquierdo, Xavier Valiño, Eduardo Ranedo Toni Castarnado, entre otros) prolonga su trayecto hasta nuestros días con canciones de Los Enemigos, Vetusta Morla, Quique González, Kiko Veneno, PJ Harvey o Nacho Vegas, gestadas en los últimos cuatro años. Algunas de ellas directamente inspiradas por el 15-M español, esa ola de indignación que en un primer momento tardó en tener su correlato musical, pero que a la larga ha terminado por fermentar en un puñado de canciones comprometidas con su presente.

A continuación, algunas muestras ilustrativas de este repaso de más de un centenar de canciones que supieron radiografiar el espíritu de su tiempo. A una por década.

#1 Chuck Berry  “Too Much Monkey Business” (1956)

Algunas canciones tienen más poder por lo que sus frívolos textos encapsulan que por su literalidad. “Too Much Monkey Business”, de uno de los padres fundadores del rock and roll, el aún rozagante Chuck Berry (todavía haciendo su paso del pato sobre los escenarios con casi 90 años), es uno de sus ejemplos más gráficos, con su despreocupada glorificación del estilo de vida adolescente, impulsado por la pujanza adquisitiva de la clase media norteamericana de los años 50 y las ansias de emancipación de una juventud que comenzaba a rechazar los rígidos esquemas sociales de sus progenitores.

#2 Aretha Franklin  “Respect” (1967)

Hace muchos años que cualquiera de las canciones de Aretha Franklin (en especial, “Think”) son la excusa perfecta para que los invitados más bulliciosos de cualquier boda comiencen a pavonearse como activados por un resorte. Pero “Respect” surgió como una rotunda reclamación de respeto, genérico (hacia la mujer) y racial (para con la comunidad negra). Como con tantas otras canciones, el paso del tiempo ha ido diluyendo su mensaje. Lo cual tampoco es necesariamente malo, tan solo diferente.

# 3 The Clash  “White Riot” (1977)

Los archicomerciales Eagles criticando la política de Nixon (“On The Border”), los Bee Gees haciendo lo propio con Kissinger (“Dear Mr. Kissinger”), Randy Newman escanciando vitriolo sobre el intervencionismo norteamericano (“Political Science”) o Donovan denunciando el cruel exterminio de ballenas con fines comerciales (“Celia of the Seals”)… el apartado dedicado a los años 70 es pródigo en reivindicaciones poco conocidas e incluso insospechadas. Pero desde aquí -menos originales que somos- nos decantamos por el zeitgeist del 77, encauzado en la rabia punk de “God Save The Queen” (Sex Pistols) o la revuelta blanca que alentaban The Clash.

#4 Prince  “Sign O’ The Times” (1987)

Los ochenta. Años de furia anti Thatcher (“Shipbuilding”, de Robert Wyatt; “Walls Come Tumbling Down”, de The Style Council), de críticas al intervencionismo estadounidense en Centroamérica (“The Jet Set Junta”, de The Monochrome Set), de puyas a Reagan (“Bonzo Goes To Bitburg”, de Ramones; “Old Mother Reagan”, de Violent Femmes), de denuncia del apartheid (“Sun City”, de Artists United Against Apartheid; “Biko”, de Peter Gabriel), de resurrección creativa y rearme ideológico de algunos de los grandes (“Political World”, de Bob Dylan; “Good Evening Mr. Waldheim”, de Lou Reed), de violencia racial cobijada por la permisividad policial (“Fight The Power”, de Public Enemy), de rock radical vasco (“Es un crimen”, de Eskorbuto) y hasta de profecías tan sombrías como atinadas (“Computer World”, de Kraftwerk). Con todo, ninguna tan certera en su capacidad de síntesis, amoldada al formato de canción pop, como la monumental “Sign O The Times”, de Prince.

#5 R.E.M.  “Ignoreland” (1992)

La denuncia contundente pero opaca, casi velada. El corte de mangas a las expectativas del gran público. “Ignoreland” es la anti-canción protesta: el autocrítico y meridiano posicionamiento de los de Athens ante los vicios de la política de su país, prácticamente sepultado (y casi inadvertido) en un álbum que, aupado en la inercia de su exitoso precedente (Out Of Time, 1991), granjeó ventas millonarias para una colección de canciones que no eran precisamente una invitación a la algarabía. Estos bastardos les robaron el poder a las víctimas durante los años del nosotros contra ellos…

#6 José Ignacio Lapido  “No digas que no te avisé” (2005)

Los 2000. Pocos hicieron más por la canción sociopolíticamente combativa que George W. Bush y la guerra de Irak. Steve Earle (“The Revolution Starts Now”), John Fogerty (“Déjà Vu”) o Neil Young (“Let’s Impeach The President”) le cantaron las cuarenta al zoquete que ocupó la Casa Blanca hasta 2008. Aquí, mientras, aunque no muchos le prestasen atención, el insigne cerebro de 091 ya escribía cánticos al desencanto cotidiano en su ejemplar discografía en solitario, mucho antes de que las plazas se llenaran de gente con los primeros calores de la primavera del 2011.

#7 Nacho Vegas  “Cómo hacer crac” (2011)

Pony Bravo (“El político neoliberal”), Ry Cooder (“No Banker Left Behind”), Quique González (“¿Dónde está el dinero?”) o PJ Harvey (“Shaker Aamer”) son algunos de los nombres que Political World destaca entre la producción de los últimos cinco años. Pero seguramente el primero que enfatizó, negro sobre blanco, los estragos del mal llamado austericidio y el actual estrangulamiento de la clase media por parte de la oligarquía bunkerizada fuera Nacho Vegas con este tema de 2011, antesala de la fase en la que está inmerso, marcada por el contenido explícitamente sociopolítico. Su reformulación del rol del cantautor en este país ya no es solamente formal, sino también de contenido.

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