Barbas enjoyadas - el Hype
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Barbas enjoyadas

Barbas enjoyadas

Como lo leéis: una empresa milanesa -como el escalope- ha lanzado una colección de pendientes para la barba. Gracias a este accesorio, ya no hace falta perforarse el labio para lucir una joya entre los pelos que adornan el mentón. El artefacto, con forma de calavera o ancla o en versión pedrusco brillante, se fija gracias a

Como lo leéis: una empresa milanesa -como el escalope- ha lanzado una colección de pendientes para la barba. Gracias a este accesorio, ya no hace falta perforarse el labio para lucir una joya entre los pelos que adornan el mentón.

El artefacto, con forma de calavera o ancla o en versión pedrusco brillante, se fija gracias a una especie de espiral triangular. Incluso, hay una versión deluxe que conecta tres pendientes entre sí con cadenitas de oro…  No quiero ni pensar cómo se debe de enredar eso. La broma se vende online aquí, partir de 31 euros. No, no hace falta que me regaléis uno.

¡Pobres, nosotros, barbudos del mundo! No nos bastaba ya con dejárnosla larga como para que anidaran golondrinas en ella. No era suficiente con engalanarla con bolas en Navidad o flores en primavera. Maldito el que se limitara a lavársela con champú convencional y no sucumbiera al catálogo de aceites y bálsamos que inunda el mercado. Todo esfuerzo ha sido en vano. Ahora, hemos de convertirnos en una especie de María Felix hirsuta y abandonarnos al placer de enjoyarnos la barba.

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Más allá de si estas piezas son bonitas o feas, y dejando a un lado su practicidad -nula, como la de cualquier accesorio-, queda claro que quien apueste por ponerse una se va a pasar el día dando explicaciones. Y el argumento, en cuanto se verbaliza, deja en una posición peripatética a quien lo pronuncia: No, no se me ha quedado nada enganchado en la barba, es que llevo una joya.

Desde la bisutería hasta los diseños de alta gama, lo del hombre con la joyería es peliagudo (adjetivo muy ad hoc para el caso que nos ocupa). Reconozco que yo mismo mantengo una relación que va del profundo amor al acérrimo odio con anillos, collares, pulseras y pendientes para nosotros. Los he llevado y, a la vez, he renegado de ellos. Luego, he vuelto a enamorarme de alguna pieza en particular y vuelta a empezar. Los gemelos, eso sí, me parecen la única joya masculina digna y atemporal.

El pendiente para la barba, desde luego, no tengo pensado lucirlo. En cambio, se me ocurre que esta firma podría ser más ambiciosa en su propuesta. Que no se conforme con la barba cuando hay tantos otros territorios pilosos en nuestra anatomía -desde el sobaco hasta el pubis, pasando por el matojito sobre el pompis- que merecen su joya hipster.

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