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Lyrical nitrate

Archipiélago Godard

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Su cine siempre trascendió las dos dimensiones pero, por si alguien dudaba, Jean-Luc Godard ha rodado su primera película en formato 3D. En ella, la cola nerviosa de un perro y un limpiaparabrisas, sobresalen para limpiar la retina del espectador. Toda una saludable experiencia, intelectualmente muy divertida. Del mismo modo que este supremo auteur expresa lo que

Su cine siempre trascendió las dos dimensiones pero, por si alguien dudaba, Jean-Luc Godard ha rodado su primera película en formato 3D. En ella, la cola nerviosa de un perro y un limpiaparabrisas, sobresalen para limpiar la retina del espectador. Toda una saludable experiencia, intelectualmente muy divertida.

Del mismo modo que este supremo auteur expresa lo que nadie expresa, impresiona en una imagen lo inexpresable, no hay nada más godardiano que acudir a su cine cuando nadie te ha invitado. Así, feliz, sin haber pisado antes este enorme e histórico festival, disfrutas más las enormes colas antes de cada proyección, saboreas con mayor intensidad todo el ritual: la antesala, el preámbulo, ese hermoso umbral ruidoso, concurrido y jovial previo a la película equívoca del Festival, la que todos los festivales de cine de autor hubiesen soñado.  Y así ha sido. En Sitges, el público está vivo: aplaude cada asesinato, suicidio, degollamiento, o atrocidad, pero se queda en silencio, confundido, ante la película probablemente más sanguinaria del Certamen: Adieu au langage, de Jean-Luc Godard, la obra que, garantía de que es rompedora, iba a provocar en la enorme sala del Auditorium, y así ha sido, mayores deserciones. Si la regla afirma que una película en tres dimensiones se concibe con idea de visualizar mejor y de manera más impactante, Godard, siempre a la contra, empeñado en que veamos menos y sintamos más, lo utiliza de forma extremadamente jocosa, obstaculizando nuestros sentidos. Nunca una película en 3D había utilizado tantos fundidos en negro y tan prolongados.

Le numéro avant la lettre, número rojo sangre salpicando un rótulo blanco sobre fondo negro. Primer efecto 3D del cine de autor. Sencillo, pero efectivo. Portador, además, de una declaración de intenciones: deja de ver, no te abandones nuevamente a la impresión engañosa de que, cuando asistes a la proyección de una película, estás viendo. Voy a agredir tus ojos, a limpiar y vaciar tu retina. Prepárate. En “Adieu au langage”, algunos efectos 3D son un hachazo, una divertida agresión para la vista. Godard antepone obstáculos, objetos que perturban la acción principal, que nublan o tuercen nuestra mirada, y coloca planos clásicos en un campo de rabiosa profundidad, hace que convivan una película 2D y 3D, un plano estático, sereno, que aspira al vacío, a la nulidad, con otro hipersaturado, que se sale del marco. Como dice la locución: “Los dos máximos inventos del universo: el cero y el infinito”, ambos límites dialogando en un espacio brevemente engañoso: 70 minutos que han bastado para construir la película más larga del festival. Porque, mientras el film Aux yeux des vivants, proyectado anteriormente, seguía durante 90 minutos el mismo esquema de siempre, el de Godard ofrece un caudal saludable y jovial de pensamiento activo sobre imágenes que se tuercen.

Adieu au langage (Jean-Luc Godard, 2014)

Adieu au langage (Jean-Luc Godard, 2014)

En el cine de Godard, los cuerpos se buscan pero no se encuentran, parece que Belmondo amaba a Seberg en Al final de la escapada, que íbamos a asistir a un documental de besos y caricias, o que Michel Piccoli podría sucumbir y fundirse con el cuerpo de Brigitte Bardot en El desprecio, pero no, demasiado lógico y fácil, el cuerpo permanece impasible mientras el verbo opera, se desata, vacía la emoción y juguetea nombrando las cosas. Con el tiempo la misma idea resurge en una imagen más pornográfica: la cámara de Godard ha filmado la carne, la pulsión, el temblor de la carne de la Virgen María en Yo te saludo, Maria, la posibilidad de ver sin penetrar su cuerpo: “Algunos hombres creen que entran en una mujer”, le dirá José a un personaje secundario interpretado por una jovencísima Juliette Binoche. Y aquí, en Adiós al lenguaje, donde los fundidos dejan bizco al espectador, fusiona el sexo de un hombre y una mujer creando un espacio mágico, un cruce puntual, irreal pero irresistible, donde vemos a ambos en un solo cuerpo, imagen hermafrodita que irrumpe apenas dos segundos para quebrarse, desvanecerse.  El problema del ser humano es que siempre ha querido cobijarse, vivir dentro, habitar refugios, espacios cerrados, trabajar, donde se aísla y encierra en pos de un amor que nunca trasciende su subjetividad. Abandonemos, por tanto, el cuerpo. Y saltemos del ser humano que vive la metáfora, la sensación poética de que puede comprender el universo  y pasemos a la naturaleza. Un animal, señala la voz en off, es el único que ama por encima de sí mismo y, por tanto,  sabe qué hay fuera. Una película difícilmente ha salido fuera, muy pocas veces.

Advertencia #1: la palabra Camera significa en ruso prisión. Por eso, más que nunca, hay que olvidar la cámara si aspiras a una imagen libre, obviar el artefacto si quieres transitar y retratar el mundo. El viejo, cuya belleza se recuerda y el nuevo, cuya frescura se respira. 2D y 3D. Imposible ver y entender esta película en otro formato. Y la distribuidora española Vértigo va a encontrar un problema en España: que la película de Godard difícilmente cabe en un mundo de mini salas de autor tecnológicamente no preparadas y sólo va a poder brillar intensamente, expresar todo su sentido, en las salas más comerciales. Y ésa, paradójicamente, su grandeza: la de ser un producto extraño y poco manejable que revela un sistema de salas algo caduco y quebradizo.

Advertencia #2: no te duermas y desaproveches la (remota) posibilidad no ya de entender, sino de ver la última y, como siempre, hipnótica propuesta de Godard.

Dani Gascó
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