Aquel enfant terrible llamado Nik Cohn - el Hype
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Aquel enfant terrible llamado Nik Cohn

Aquel enfant terrible llamado Nik Cohn

Todo en él era desmesura. Un desbarre morrocutudo, en sintonía con el espíritu de los primeros años del rock and roll, aquella música que alborotó hormonas y a punto estuvo de poner patas arriba la sociedad de los años cincuenta y primeros sesenta, hasta que pasó a formar parte indisoluble del sistema y certificó su

Todo en él era desmesura. Un desbarre morrocutudo, en sintonía con el espíritu de los primeros años del rock and roll, aquella música que alborotó hormonas y a punto estuvo de poner patas arriba la sociedad de los años cincuenta y primeros sesenta, hasta que pasó a formar parte indisoluble del sistema y certificó su condición de bendita ilusión adolescente. Todo en la temprana literatura de Nik Cohn era mayestático, como acredita Sigo siendo el mejor, dice Johnny Angelo, la que fue su primera novela (publicada en 1967) y ahora es reeditada en castellano por la madrileña Libros Walden, más de cincuenta años después.

El jovencísimo Nik Cohn que escribió su primera novela.

El jovencísimo Nik Cohn que escribió su primera novela.

Nik Cohn (Londres, 1946) tenía solo 17 años cuando la escribió. Halló su hueco en las librerías tres años más tarde. Dicen quienes tuvieron acceso a las críticas literarias de la época que apenas gozó de reconocimiento en aquel momento. Por eso permanece como una joya de temprana literatura pop semienterrada por el paso del tiempo. Al escritor británico se le reconoce sobre todo por Awopbopaloobop Alopbamboom (1970), uno de los primeros relatos históricos –si no el primero– del rock. Y también por haber dado forma, mediante otro relato más breve (Ritos tribales del nuevo sábado por la noche, de 1975) al germen que inspiró a John Badham y a Robert Stigwood para idear la película Fiebre de Sábado Noche (1977). También por haberles procurado el personaje de “Pinball Wizard” a The Who.

Su prosa, en las antípodas del academicismo frío, es reflejo de un tiempo en el que el rock aún era, al menos en apariencia, un arma cargada de futuro. Un territorio en el que realidad y ficción se mezclaban, sin que el mayor o menor porcentaje de fantasía fuera relevante. El Johnny Angelo que protagoniza esta primera novela está inspirado –al menos, en parte– en el norteamericano PJ Proby, y encarna el estereotipo de estrella del rock del que tomaría buena nota David Bowie a la hora de acuñar su personaje de Ziggy Stardust. También se dice que en sus páginas se mezcla a Iggy Pop, Little Richard, Vince Taylor y Screamin’ Jay Hawkins. No cuesta creerlo, a poco que uno indague en su contenido.

Sigo siendo el mejor, dice Johnny Angelo, con un estupendo prólogo de Kiko Amat, glorifica hasta extremos caricaturescos la gran epopeya iniciática del rock and roll. Su protagonista es ególatra, excesivo, magnético y finalmente autodestructivo, consciente de la perentoriedad de morir joven, dejar un bonito cadáver y extinguirse deprisa antes que ir apagándose poco a poco. ¿Es posible reunir más topicazos en un mismo párrafo? Complicado, pero la ocasión lo requiere.

Sus casi doscientas páginas se devoran en un pispás. Su ritmo es tan endiablado que engancha; su estilo, tan desvergonzado que refresca; y su historia, tramada con toda la desfachatez propia de un talento aún adolescente, no deja de ser la eterna gran mentira del rock and roll. Un embuste que, como se comprobaría posteriormente –los años de grandes excesos aún estaban por venir–, no dejaría de tener ciertos anclajes en la realidad.

"Sigo siendo el mejor, dice Johnny Angelo", Nick Cohn

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