"El año más violento" (A Most Violent Year, J. C. Chandor, 2014) - el Hype
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“El año más violento” (A Most Violent Year, J. C. Chandor, 2014)

“El año más violento” (A Most Violent Year, J. C. Chandor, 2014)

Las heridas del capitalismo, o el capitalismo entendido como una herida que supura. En su tercer largo, un sosegado noir ambientado en los albores de la era Reagan, J. C. Chandor vuelve a hablarnos de lo que pasa en América. Algo une a Abel Morales, el aspirante a magnate del combustible al que Oscar Isaac

Las heridas del capitalismo, o el capitalismo entendido como una herida que supura. En su tercer largo, un sosegado noir ambientado en los albores de la era Reagan, J. C. Chandor vuelve a hablarnos de lo que pasa en América.

Algo une a Abel Morales, el aspirante a magnate del combustible al que Oscar Isaac interpreta en El año más violento, con Larry “Doc” Sportello, el detective fumeta que, en Puro vicio de Paul Thomas Anderson, tiene los rasgos de Joaquin Phoenix. La película de Anderson caracolea más que avanza, vaporosa y fantasmal, mientras que el tercer largometraje de J. C. Chandor está narrado desde la más absoluta de las parsimonias.

La misma parsimonia con la que, como descubriremos, Morales parece querer llevar su vida. No quiere problemas, no más de los estrictamente necesarios. No quiere delinquir. No quiere oír hablar de pistolas, y serán estas precisamente las que conduzcan a algunos de los momentos más tensos del filme. Morales tan sólo quiere ganar más dinero y se conforma con apegarse a ese eufemismo de las llamadas “prácticas habituales”. Interpelado por el presidente del sindicato de transportistas sobre sus razones para ello, sobre esa ambición de no conformarse con lo que ahora tiene, el boyante empresario responderá que no ha entendido la pregunta.

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Como Sportello, Morales también anda envuelto en una pesquisa. Quiere descubrir quién le roba los camiones y darle esquinazo a la justicia, aunque ni siquiera tiene claro de qué le pueden acusar. Le seguiremos durante toda la película, cuyo desarrollo es, en ese sentido, absolutamente previsible: muchas escenas anticipan la siguiente. Morales dice que tiene que ir a un lugar o hablar con alguien y a continuación le veremos en ese lugar o hablando con ese alguien. Pero de lo que también nos vamos dando cuenta es de que, más allá de esa línea recta en el tiempo y el espacio, está la nada más absoluta.

Proyectado constantemente hacia el futuro, Morales cada vez tiene menos claro lo que va dejando atrás y lo que ocurre a su alrededor. Hay un momento en el que habla con su esposa (Jessica Chastain) del año 1975 como de un rostro prácticamente olvidado, al que ni siquiera podemos ponerle un nombre. Aunque nosotros no sabremos qué es de su vida después de esos turbulentos meses de 1981 –año en el que Ronald Reagan subió al poder en los EEUU-, podemos intuir que quizá, para Morales, tendrá lugar una especie de punto de inflexión: se verá obligado a sacar durante un rato la cabeza a la superficie, a emerger del mar de rutina y cifras y posibilidades inciertas en el que se hunde sin darse cuenta para tomar una nueva dirección, o al menos intentarlo.

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Así, en ese discurrir tan pautado, y punteado por una banda sonora que es como un rumor, una especie de marea, avanza ‘El año más violento’. En ella no interesa tanto la historia, que no deja de ser el enésimo relato sobre el dinero y sus caminos en el ecosistema capitalista yanqui, como la desintegración de un personaje.

Alguien que, para seguir prosperando en la América que Reagan acababa de heredar, tendrá que pagar ciertos peajes. Peajes, eso sí, de sobra conocidos y que quizá carecen de la virulencia con la que nos llegó en 2011 Margin Call, el debut de Chandor y la película norteamericana oficial sobre la crisis. Supongo que podemos considerar El año más violento como una especie de prólogo o precuela o ilustración mítica de las sucesivas crisis económicas que estaban por llegar entonces. Y también de las que hubo antes.

Toni Junyent
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