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72 Mostra de cine de Venecia #2 El juez, los secuestradores y la rockstar

72 Mostra de cine de Venecia #2 El juez, los secuestradores y la rockstar

La francesa L’hermine, la italiana A Bigger Splash, la argentina El clan y la israelí Rabin, the Last Day de Amos Gitai, lo mejor de una sección oficial con buena calidad pero sin obras de gran impacto. Entre las películas a competición del segundo tercio del festival, L’hermine (El armiño) de Christian Vincent demuestra una vez

La francesa L’hermine, la italiana A Bigger Splash, la argentina El clan y la israelí Rabin, the Last Day de Amos Gitai, lo mejor de una sección oficial con buena calidad pero sin obras de gran impacto.

Entre las películas a competición del segundo tercio del festival, L’hermine (El armiño) de Christian Vincent demuestra una vez más la vitalidad del cine galo y su capacidad, insuperada e inimitable, de contar historias ambientadas en la profunda provincia francesa. Xavier Racine es un juez muy temido por la dureza de sus condenas que superan los veinte años, apodado el Juez dos cifras.

Sin embargo, la anestesista Brigit, miembro de un jurado popular que juzga un homicio, despierta la más recóndita fragilidad de Racine -ya que se enamoró de ella en secreto durante una estancia en el hospital- y el juez alberga la esperanza de poder entablar una relación después de muchos años. Fabrice Luchini, perfecto como siempre y verdadero centro gravitacional de toda la película, da vida a un personaje lleno de matices gracias también a un guión y a una dirección muy controladas, que además consiguen un perfecto equilibrio entre las escena ambientadas en el tribunal y las que se desarrollan a las afueras en la vida privada de los personajes.

Fabrice Luchini en un momento de "L'hermine"

Fabrice Luchini en un momento de “L’hermine”

El cine argentino llegó finalmente a concurso en Venecia con El clan, tras ofrecer el los años anteriores obras excelentes. La historia contada por Pablo Trapero parece a veces una ficción forzada, sin embargo retrata un caso real ocurrido en la Argentina de los años ochenta. Puccio, un respetado economista y comerciante de clase media, ex diplomático y vinculado al servicio secreto, secuestraba por dinero a ricos amigos de su hijo, matándolos después e involucrado su entera familia en este espantoso comercio de vida y muerte.

El director argentino consigue atrapar el espectador en este vértigo de violencia, desengaño, y frío calculo que atañe la vida de Puccio, expresado estupendamente en los ojos álgido es de un estupendo Guillermo Francella. A veces el tono es algo exagerado y subrayado por una música que parece querer quitar dramatismo y añadir un ritmo casi a la Tarantino a los secuestros (nada pertinente al estilo de la película), pero esto no quita fuerza e intensidad a una obra que, sobretodo gracias a un final lleno de desasosiego, queda imprimida en la memoria del espectador.

Guillermo Francella en un momento de "El clan"

Guillermo Francella en un momento de “El clan”

En una isla del sur de Italia una pareja compuesta por la rock star Marianne (una inmejorable Tilda Switon) y su pareja Paul (Matthias Schoenaerts) busca refugio, tras unos problemas a las cuerdas vocales de la artista. Los dos yacen desnudos el borde de la piscina, se bañan en un lago de la isla y gozan una vida alejada del frenesí de sus normales existencias. La llegada de la ex pareja de la cantante y productor discográfico Harry (una superlativo Ralph Fiennes) con su hija Penelope (una sensual y perturbadora Dakota Johnson) rompe la tranquilidad, ya que la intención de Harry es reconquistar a Marianne, de forma algo retorcida, originado una serie de tensiones y falsos encuentros entre los cuatro personajes principales.

Es este el argumento de A Bigger Splash del director italiano Luca Guadagnino que, como se intuye, es nada más ni nada menos que el remake de La Piscina de Jacques Deray. El tema escogido por el director, el de la violencia reprimida y originada por la diversidad y la imposibilidad de diálogo, así como el enfoque visual de algunas escenas recuerda al mejor cine de Joseph Losey y, sin duda, tiene momentos alta calidad cinematográfica. Sin embargo, durante el metraje sobran escenas y la fuerza y eficacia del guión no siempre consigue mantenerse a la misma altura, por evidentes caídas de estilo y de tensión narrativa. Resumiendo, un película sin duda importante y con fuertes elementos de interés, pero imperfecta en su resultado final.

© Jack English. Tilda Switon y Matthias Schoenaerts en una escena de "A Bigger Splash"

© Jack English. Tilda Switon y Matthias Schoenaerts en una escena de “A Bigger Splash”

La tercera película italiana a competición –sin duda la más esperada de las cuatro que representan a Italia en el certamen- fue Sangue del mio sangue de Marco Bellocchio. En palabras de su director, se trata de una obra menor cuyo origen fue la idea de un cortometraje, que data de tres años antes, centrado en la historia de una monja seductora que, para rescatar el alma del amante muerto, es forzada por la Inquisición a declararse poseída por el diablo y a sufrir las consecuencias de la tortura y del encierro perpetuo.

Bellocchio aporta a la historia un fragmento ambientado en la actualidad y en el mismo pueblo donde ocurrieron realmente los hechos: Bobbio, ciudad del centro Italia donde el director dirige su escuela de cine. El poder ya no es el la Iglesia sino el de un hombre anciano (en palabras del director italiano una figura de derechas, o más bien un demócrata cristiano, interpretado magníficamente por Roberto Herlitzka) que, como un vampiro, sale sólo por la noche y que, a pesar de que los vecinos lo crean muerto, domina junto a algunos acólitos y en la oscuridad la vida de la aldea.

Pese a algunas bellas secuencias y unos diálogos (sobre todo los actuales) muy logrados, la película resulta demasiado enigmática, difícil de descifrar y en la parte de ambientación histórica francamente aburrida. Es evidente el intento de investigar de forma algo original un tema como el del poder, la muerte y el aislamiento –muy presente en el cine de Bellocchio–, pero el resultado es bastante mediocre y no a la altura de otras obras anteriores de este gran cineasta.

Una escena de "Sangue del mio sangue"

Una escena de “Sangue del mio sangue”

Dejando de lado la inconsistente The Endless River del sudafricano Oliver Hermanus, que no sabe controlar y expresar con eficacia un tema tan delicado como el de la pérdida de los seres queridos y el intento de seguir adelante, la competición ha incluido una excelente obra del director israelí Amos Gitai. Tras sus dos últimos largometrajes (ambos presentados en la Mostra de Venecia en 2103 y 2014), ambos bastante flojos, Gitai parece haber recobrado la intensidad y la frescura de sus primeras obras, retomando, como entonces, un tema relacionado a la problemática realidad política y social de sus país.

Rabin, the Last Day, como dice el mismo título, reconstruye y expone los hechos y las investigaciones realizadas tras el atentado mortal a Yitzhak Rabin el 4 de noviembre de 1995. A lo largo de casi tres horas, materiales de archivo y escenas de ficción intentan no sólo recordar la figura de uno de los grandes lideres políticos de nuestra época, sino también denuncian el clima turbio de odio y miedo (todavía hoy día muy vivo en Israel) ligado a la forma de entender y enfrentar el problema palestino por parte de los sectores más turbios e inquietantes de la derecha del Likud y de las facciones religiosas israelíes. A la película quizá le sobran minutos, no obstante consigue enganchar al espectador, desde el primero hasta el último minuto gracias a su ritmo –lento pero no aburrido– y a largos planos secuencia, ambos sustentados por un montaje muy equilibrado e indudablemente eficaz.

Un momento de "Rabin. The last day"

Un momento de “Rabin. The last day”

No he podido lamentablemente ver Anomalisa, un cartoon en stop motion de Charlie Kaufman (Being John Malkovich) y Duke Johnson, una comedia negra sobre un viaje surreal en la mente de un motivador experto en atención al cliente, llena de sexo, amor, depresión y aislamiento.

Una escena de "Abluka"

Una escena de “Abluka”

Por lo contario sí he visto Abluka (Locura) del turco Emin Alper, la historia de un preso que acepta trabajar como empleado de limpieza, para suministrar informacion al servicio secreto, en búsqueda de terroristas. El reencuentro con su hermano, que presenta un comportamiento sospechoso por su aislamiento social, desembocará en un progresivo clima de sospecha y locura. La película, que en la primera parte describe con tonos realistas la vida de los personajes, acaba derivando hacia escenarios oníricos y de pesadilla, sin que esto se justifique de forma clara a lo largo del metraje. El resultado es una obra que tiene algunos elementos de interés pero que deja el sabor de algo irresuelto sin tener tampoco un corte visual interesante.

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