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63 Festival de Cine de San Sebastián #4 Muy poco que esperar

63 Festival de Cine de San Sebastián #4 Muy poco que esperar

Cuando te descubres pensativo, eligiendo por descarte tus películas favoritas del festival, en ese momento en que das con el mal menor, eres consciente de que algo no funciona. Y no es que haya terminado un mal festival per se, es que no somos capaces de encontrarle el rumbo. Arrancó solvente la Sección Oficial con Truman, la

Cuando te descubres pensativo, eligiendo por descarte tus películas favoritas del festival, en ese momento en que das con el mal menor, eres consciente de que algo no funciona.

Y no es que haya terminado un mal festival per se, es que no somos capaces de encontrarle el rumbo. Arrancó solvente la Sección Oficial con Truman, la cinta de Cesc Gay. Una buena película, sólida. Y ya. Válida, pero sin esa chispa de los grandes trabajos. Carente de innovación. Innovación que sí nos trajo la belga Evolution, con esa forma y esa temática. O emoción y muy buen hacer de la mano de Asier Altuna con su Amama. O ese ingenio del Apóstata Veiroj. También llegó Ben Wheatley con una buena dosis de ciencia ficción clásica y actualizada… Pero aún quedaba mucho festival, demasiado para dar nada por sentado. Ya no queda y seguimos en las mismas.

The boy and the beast (2015, Mamoru Hosoda)

Dos cintas asiáticas levantan un poco el listón. Por un lado Back to the North, de Liu Hao, un ejercicio poético de ritmo complicado que construye metáforas visuales casi con cada plano. Es este el principal acierto de una película que se antoja pesada para nuestros cánones, pero hermosa en sus premisas. Alegórica y sutil. Como alegórica también, pero no sutil, es The Boy and the Beast, de Mamoru Hosoda, la primera cinta en competir en el Festival de San Sebastián. Una historia muy en la línea de los trabajos de Hosoda, donde teje una historia infantil pero con un fuerte arraigo en las tradiciones ancestrales, que despliega un poderío visual enorme y una animación dinámica y muy expresiva.

El rey de La Habana (2015, Agustí Villaronga)

Sorprende también la presencia española, pero por su irregularidad. El rey de la Habana, el regreso de Villaronga es un regreso material y hediondo, donde la plástica adquiere casi todo el peso, y la sensación de estar sucio es una constante. Sucio por lo que ves y por cómo te sientes al mirar con una sonrisa, hablando de pitos y tetas, la realidad de una Cuba dejada pudrir. No es la mejor película del festival, pero se encuentra a infinitas millas de Lejos del mar. Lo nuevo de Imanol Uribe es un despropósito sin pies ni cabeza del que resulta mejor no hablar si no se tiene nada bueno que decir.

Un día perfecto para volar (2015, Marc Recha)

Dudaba si incluir a Marc Recha en este segmento español del artículo, pero mejor inicio un párrafo independiente. No porque cuestione la calidad de su película, casi mediometraje, sino por sus intenciones. Recha firma con su habitual sensibilidad Un dia perfecte per volar. Una historia cotidiana, la relación entre un padre y su hijo, y trata de explicar el pasado y el futuro de ese niño, lo que es y lo que será. Una hermosa construcción de la paternidad a través de los cuentos, pero al mismo tiempo, un guiño, quizás, a esa Cataluña que ya no se siente de otros, sino suya y libre, como la cometa.

Les démons (2015, Philippe Lesage)

No salva el festival la última película a concurso proyectada, pero ayuda, y lo mismo da la sorpresa en los premios. Les démons es el primer trabajo no documental de su realizador, el quebequense Philippe Lesage. Apasionante esta escuela de Quebec que nos ha dado al señor Arcand, a quien mucho debe Cesc Gay por sus Las invasiones bárbaras, o a Xavier Dolan, que el año pasado nos dejó en el sitio con Mommy, o incluso el más mediático Villeneuve, asiduo de este festival, que aunque ahora tenga acento inglés comenzó su cine hablando francés.

No es que les compare, pero Lesage no desmerece, a su manera, y nos trae, a mi juicio, otra posible Concha. Una película de terror naturalista, hermosa y despiadada. Cotidianidad como prisma sobre el que proyectar los demonios infantiles y los adultos. Una técnica suave, que rueda fácil. Pausada y detallista. Improvisada pero acertada. Gran sorpresa Les démons que se adentra en un terreno muy oscuro.

Les chevaliers blancs (2015, Joachim Lafosse)

Para completar la sección oficial debería mencionar tres películas más, la georgiana Moira, la francesa Les chevaliers blancs y la norteamericana Freeheld. La una, un relato familiar que pone de manifiesto la situación de un país controlado por las mafias, y la otra, un debate moral a partir del caso real de la ONG El arca de Zoé, que traficó en África con niños huérfanos para acallar las conciencias occidentales. Un guion bien construido que genera debate y posturas enfrentadas casi desde el primer momento. Ambas, eso sí, muy lejos de un primer premio de cualquier festival. Lejos también encontramos Freeheld, de Peter Sollet, una película activista, sensiblera, fácil, que seguramente lleve a su protagonista Julianne Moore hasta las nominaciones de los premios Oscar por una enferma terminal. Lo de siempre con Hollywood.

Black Mass (2015, Scott Cooper)

Imposible terminar la crónica sin hablar de sus secciones. Perlas ya constatadas como Son of Saul, Gran premio del jurado en Cannes seguramente por su ejercicio de técnica deslumbrante, o Mountains May Depart, lo nuevo de un Jia Zhang-ke en estado de gracia, que radiografía su China natal con una sensibilidad apabullante, que se atreve además a dibujar su futuro y que lo hace mediante un formalismo que deja con la boca abierta. Reseñar también Black Mass, de Scott Cooper, que a partir de una historia real de mafiosos, de esas que les gustan tanto a los americanos, deconstruye el cine de gangsters y nos narra, repudiado ya, su declive, utilizando todas aquellas referencias que ellos mismos nos enseñaron y que permanecen en nuestro imaginario cinematográfico. Tampoco puedo dejarme en el tintero a Jafar Panahi, que con Taxi Téheran nos trae no solo un ejercicio de amor por el cine, sino un ejemplo de lo alto que puedes gritar a pesar de estar amordazado, y que le hizo merecedor del Oso de oro en Berlín.

La novia (2015, Paula Ortiz)

Incomprensible también, e injustificada, la presencia de La novia en la sección Zabaltegui, una película que sangra pasión por Lorca, que adapta Bodas de sangre y lo hace con muchísimo estilo, respeto y tradición. Una cinta, la de Paula Ortiz, que cuenta con una poderosísima interpretación de Inma Cuesta y que hubiera ayudado, sin duda, a animar la comatosa Sección Oficial.

Grandes propuestas, algunas ya constatadas en otros festivales que, a pesar de avivar nuestra cinefilia, no hacen sino empequeñecer el conjunto. Veremos que nos depara la entrega de premios y el palmarés, pero visto lo visto, muy poco hay que esperar.

#Palmarés

Aquí tenéis el palmarés completo de la 63 edición del festival de San Sebastián. Hasta el año que viene.

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