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5 remakes que nunca debieron existir

5 remakes que nunca debieron existir

El estreno de la nueva versión de Ben-Hur ha vuelto a poner en el punto de mira a los remakes de éxitos pasados made in Hollywood. Una práctica tan antigua como el mismo cine, pero que se ha acrecentado en los últimos años. ¿Las razones? Vivir del prestigio de glorias pasadas; actualizar viejos clásicos que

El estreno de la nueva versión de Ben-Hur ha vuelto a poner en el punto de mira a los remakes de éxitos pasados made in Hollywood. Una práctica tan antigua como el mismo cine, pero que se ha acrecentado en los últimos años. ¿Las razones? Vivir del prestigio de glorias pasadas; actualizar viejos clásicos que aún pueden dar rendimiento económico y quién sabe si iniciar una nueva franquicia; o simplemente ir a lo fácil en unos tiempos donde los guiones originales escasean. Ojo, no queremos sonar rancios. Vaya por delante que a veces algunos remakes igualan o mejoran el original, planteando enfoques e interpretaciones que enriquecen las nuevas versiones. Pero también es cierto que un buen puñado de ellos son un quiero y no puedo la mar de frustrante.

Aprovechando la llegada del desafortunado remake de Ben-Hur, lanzamos al ciberespacio una lista de cinco relecturas que le van a la zaga. Cinco pérdidas de tiempo que gastaron recursos de forma innecesaria. Háganse un favor, y tras leer esta pieza, vayan a por los originales.

El filo de la navaja (1984)

En 1984, poco después de estrenar Los cazafantasmas, Bill Murray estaba harto de ser solo un actor cómico. Eso le llevó a cometer uno de los mayores errores de su carrera, encargarse de la nueva versión de uno de los melodramas río más legendarios del Hollywood clásico, El filo de la navaja; película que en 1946 tenía como estrellas a Tyrone Power y Gene Tierney. El remake, escrito y protagonizado por Murray, que se atrevió a adaptar la novela original de W. Somerset Maugham, roza casi el trash involuntario, con el actor de Lost In Translation absolutamente perdido en el drama y haciendo de sí mismo en una de sus comedias. De ahí que esta sea una película casi borrada de su filmografía que ya nadie recuerda.

Charlie y la fábrica de chocolate (2005)

Tras el sonrojante remake de El planeta de los simios, Tim Burton le cogió el gusto a lo de profanar clásicos. Ahora bien, lo de Charlie y la fábrica de chocolate no lo vimos venir, ya que el cuento original de Roald Dahl era cien por cien Burton friendly, así como la primera adaptación que se hizo del mismo, la maravillosa Un mundo de fantasía. Pero la cosa no cuajó. ¿El principal motivo? La forma en la que el director de Batman suavizó y vulgarizó el original de Dahl, añadiendo una coda sentimentaloide sobre el padre de Willy Wonka que rozaba la vergüenza ajena. El Wonka de Depp, un trasunto nada disimulado de Michael Jackson, y los nuevos Oompa Loompas tampoco fueron muy afortunados. Digámoslo claro: una de las peores películas de Burton.

Carretera al infierno (The Hitcher) (2007)

Uno de los casos más claros de aquella máxima que dice: si no puedes mejorar el original, no lo toques. La primera Carretera al infierno era una serie b modélica. Un thriller de terror sobre un autoestopista psicópata (inolvidable Rutger Hauer) que aterroriza a un par de jóvenes en la carretera, lleno de segundas lecturas y de enigmas que iban más allá del simple ejercicio de suspense, muy bien orquestado por Robert Harmon y Eric Red. Todo eso desaparecía en el formulario remake que protagonizó Sean “Ned Stark-Boromir” Bean veinte años después. Un thriller formulario, ramplón y sin apenas tensión que lo ofrecía todo masticado.

 Ultimátum a la Tierra (2008)

Otro caso paradigmático de remake que nunca debió existir. El primer Ultimátum a la Tierra, dirigido por ese artesano con mano de genio que fue Robert Wise, era y es una piedra de toque de la sci-fi clásica. Un alegato antibelicista y antinuclear en clave fantastique que mantiene intacta su actualidad y pegada. Scott Derrickson, que en nada estrena su Doctor Extraño, quiso convertir el original de Wise en una película apocalíptica de dimensiones épicas; un espectáculo trepidante de efectos digitales carísimos. Pero le salió el tiro por la culata. Un filme sin alma y dirección clara, atrofiado por el CGI, que quiso comprar el prestigio a golpe de talonario con actores de relumbrón (Keanu Reeves, Jennifer Connelly, Kathy Bates, John Cleese, Jon Hamm). Un reparto que fue incapaz de evitar el naufragio.

Pesadilla en Elm Street (2010)

A principios del 2000, al todopoderoso y ultra ciclado Michael Bay se le puso entre ceja y ceja lo de producir nuevas versiones de clásicos del cine de terror. El tío acertó en las relecturas de La matanza de Texas y Viernes 13, pero patinó en otras. El caso más flagrante fue Pesadilla en Elm Street, remake de la obra maestra de Wes Craven que, a pesar de recuperar de forma inteligente el Freddy Krueger más terrífico –aquí no había el humor de las secuelas-, se convertía en un absoluto galimatías, carente de chispa y nervio que recortaba, pegaba y copiaba las escenas más memorables del filme de Craven sin gracia alguna. Ahora nadie lo recuerda, pero una de las protagonistas de este remake fue Rooney Mara (Carol).

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