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10 películas de 2017 que no debiste perderte

10 películas de 2017 que no debiste perderte

Lo diré así de entrada para despejar cualquier duda: un año en el que estrena Christopher Nolan no puede ser un mal año cinematográficamente hablando. Afortunadamente, además de Nolan hemos tenido este 2017 muchos y agradables momentos de celuloide… bueno, ahora ya de DCP. Como siempre, reducir a solo 10 títulos todo un año tiene

Lo diré así de entrada para despejar cualquier duda: un año en el que estrena Christopher Nolan no puede ser un mal año cinematográficamente hablando. Afortunadamente, además de Nolan hemos tenido este 2017 muchos y agradables momentos de celuloide… bueno, ahora ya de DCP. Como siempre, reducir a solo 10 títulos todo un año tiene algo de cruel: fuera se quedan películas formidables que, quizás si la lista se revisa de aquí a uno o dos años, podrían acabar entrando.

Pero también tiene algo de hermoso: al menos en mi caso, la obligada destilación siempre acaba respondiendo más a un impacto emocional (corazón) que a uno racional (cerebro). En otras palabras: la lista sería probablemente muy distinta si la tuviera que confeccionar atendiendo estrictamente a sus valores cinematográficos y tuviera que ignorar los aspectos emocionales. Estas no son, pues, las que yo considero las 10 mejores películas de 2017: son las 10 películas que más me han enamorado este 2017.

10. JACKIE (Jackie, 2016, Pablo Larraín)

Una pequeña joya que explora territorios más o menos conocidos de una manera bastante inusual. El asesinato de John F. Kennedy, que el cine estadounidense ha abordado en muchas ocasiones en las últimas décadas, adquiere una dimensión totalmente inédita cuando es explicado desde el punto de vista de Jacqueline, su esposa.

Una película impresionante, tanto desde un punto de vista técnico (la recreación visual es impecable) como sobre todo desde el artístico: el planteamiento visual de Larraín, con esa cámara bailando todo el rato, es embriagador, y la composición de Natalie Portman es capaz de dejar helado a cualquiera.

9. DESIERTO (Desierto, 2015, Jonás Cuarón)

Mucho ojo con el hijo de Alfonso Cuarón. Ni mucho menos ha realizado una película que pueda rivalizar con las dos incontestables obras maestras que nos ha brindado su padre, Hijos de los hombres y Gravity. Pero Desierto sí que demuestra que Jonás es un alumno aventajado que ha aprendido rápido de su padre Alfonso algunas técnicas infalibles, como por ejemplo la utilización de la ficción para hablar –sin hacerlo directamente– de problemas actuales.

Estructurada en forma de angustioso survival, Desierto denuncia sin piedad lo miserable, inhumano, rastrero y mezquino que habita en la política anti-inmigración de Donald Trump… y lo bueno es que lo hace más de un año antes de que fuera elegido presidente porque la película se estrenó en el festival de Toronto en 2015.

Grandísima interpretación de Gael García Bernal y, por encima de todo, soberbio Jeffrey Dean Morgan, que más o menos viene a hacer lo mismo que su Negan de The Walking Dead pero con un rifle en vez de con un bate. El chico Cuarón apunta maneras, de eso no cabe ninguna duda.

8. LA CURA DEL BIENESTAR (A Cure for Wellness, 2016, Gore Verbinski)

Esta pasa por ser posiblemente una de las películas más extrañas de cuantas se han estrenado este 2017 en España. Extraña ya desde una perspectiva netamente industrial: sigo sin poder entender cómo es posible que se haya realizado bajo el sistema de estudios un producto tan invendible como este.

Es decir, la película dura dos horas y media, el argumento no tiene un desarrollo limpio y fácil de digerir, génericamente bascula sin complejos del drama folletinesco al terror puro y duro, el clímax no es un clímax, es una cosa rara puesta ahí al final, que dura una eternidad y que admite más de una interpretación.

Y aún así, La cura del bienestar es una película inolvidable se mire desde el punto de vista que se mire, con un planteamiento estético arrebatador a medio camino entre el Tim Burton gótico y el cine de derribo de los años 60, y con una capacidad de hipnotizar que este año he visto en muy pocas películas.

Obviamente, la apuesta se saldó con un sonoro fracaso en taquilla. Pero eso a Verbinski debería importarle a estas alturas un pimiento: se meterá en un par o tres de blockbusters sin enjundia y de aquí a unos años le volverán a dejar hacer algo tan único y especial como La cura del bienestar. O eso espero.

7. STAR WARS: EPISODIO VIII. LOS ÚLTIMOS JEDI (Star Wars: Episode VIII. The Last Jedi, 2017, Rian Johnson)

Que una película de la saga Star Wars acabe colándose entre las 10 mejores del año es algo que no me habría imaginado ni en mil años. Sin embargo, ahí está este pequeño prodigio cuyos logros no son pocos, el principal de ellos saber permanecer a una distancia prudencialmente cercana de la saga original, pero al mismo tiempo atreverse a modificarla en alguno de sus postulados más canónicos.

La jugada no ha sentado nada bien a la legión de fans de la saga. En change.org hay varias peticiones realmente delirantes: una quiere que Disney saque la película de la saga oficial y le otorgue el estatus de película de fans, otra pide que vuelvan a rodar la película (¿??!!!!!), y otra pide que Rian Johnson admita que la película “es fea”, ignoro si esta última petición lleva aparejada cachetes en el culete o un castigo de 15 minutos sin ver tele. Yo recomendaría a los frikis que se relajaran un poco y disfrutaran de estas estupendas y acogedoras fechas, que hasta el año que viene no volverá a ser Navidad.

En pocas palabras: no vibraba así con una película de Star Wars desde… La guerra de las galaxias, y estamos hablando de nada más y nada menos que 40 años. Johnson ha devuelto a la saga la magia, el sentido del espectáculo, el conflicto, la noción de aventura pura, que hizo de la primera película de la serie un evento irrepetible. Y todo esto lo consigue llevando la franquicia en múltiples y desconcertantes direcciones del todo inesperadas y revolucionarias, algo que la saga necesitaba como agua de mayo si no quería caer en la repetición y el simplismo.

Y ¡qué diablos!: ¡Yoda vuelve a ser un teleñeco! No se puede pedir más: simple y llanamente, es que no se puede pedir más.

6. LA AUTOPSIA DE JANE DOE (The Autopsy of Jane Doe, 2016, André Ovredal)

Aquí está la que es seguramente la mejor película de terror estrenada este año en España. Terror a la antigua usanza, apoyado más en escenario e intérpretes que en efectos especiales.

El argumento es mínimo: un padre y su hijo, médicos forenses, han de practicar la autopsia a una mujer antes de irse a casa por la noche. Lo que ocurre en ese sótano es una espiral de hechos inexplicables que, poco a poco, van minando la paciencia del espectador, hasta que pierde completamente los nervios y el pánico se apodera de la proyección.

Intensa, brillantemente realizada, ejemplarmente interpretada por Brian Cox y Emile Hirsch, esta es la típica pequeña peliculita de la que no se oirá hablar mucho porque no tiene detrás una gran campaña de promoción pero que deja una profunda huella (de miedo) en todo aquel que se atreve a aguantarla hasta el final. Porque hay que tener mucho valor para aguantarla hasta el final. Es una advertencia.

5. TWIN PEAKS (Twin Peaks, 2017, David Lynch)

No he podido evitarlo. Sé que no es un producto estrenado en salas de cine y sé que esta lista en principio se ciñe a eso. Pero sus hallazgos narrativos, estéticos, diría que incluso sensoriales, son tan absolutamente indiscutibles que su inclusión en esta lista es una cuestión moral y ética, más que estética.

No tengo claro si alguien en Showtime se leyó una sola línea del guion. Lo más probable es que Lynch les presentara algo digamos “normal” y luego rodara con otro guion distinto. O sin guion, ¡ja!, como si no lo hubiera hecho antes. Desde luego, si algún ejecutivo llegó a leer algo de lo que luego Lynch rodó, ese tío se merece una calle en Beverly Hills: aún me hago cruces de que alguien en su sano juicio le haya dado a Lynch la pasta necesaria para rodar algo tan incomprensible, inescrutable, indescifrable, y todos los in- que uno quiera añadir.

Es la sublimación definitiva del cine en forma de arte, la demostración palmaria de que Lynch es no ya un genio, sino un extraterrestre infiltrado entre nosotros, tristes mortales humanos. Twin Peaks tiene la habilidad de ser y no ser al mismo tiempo: de ser a la vez continuación y producto independiente, de ser a la vez comedia y terror, de ser a la vez críptica hasta el punto de no entender ni jota y cristalina hasta para las mentes más obtusas. Cósmica y terrenal. Seca y mojada. Caliente y fría.

Así es Lynch. En estado puro. Como esos 26 minutos sin diálogo del episodio 8 que incluyen los cinco minutos más inenarrables del año: aquellos en los que Lynch nos mete de cabeza en el interior de la explosión de una bomba atómica. Cinco minutos que pasan por derecho propio a la historia no de la televisión, ni del cine: del arte.

4. MÚLTIPLE (Split, 2016, M. Night Shyamalan)

Que M. Night Shyamalan había perdido el “Night” y el rumbo en sus películas es algo que no creo que muchos pongan en duda. Por eso hay que aplaudir hasta con las orejas si es preciso que, por fin, se haya liberado de sus propias ataduras y se haya vuelto loco, bastante loco.

Porque Múltiple es una locura que el mismísimo Brian De Palma habría firmado en sus mejores días. Un producto fabricado sin normas, de un hedonismo rampante, nacido apátrida en cuanto a género se refiere: ¿comedia? ¿terror? ¿thriller? ¿drama? ¿WTF???!!!!

Esta es, sin duda, la película más alucinada del año, una prueba de fe continua en la que hay que saltar a ciegas para poder adorarla, de lo contrario es de esas películas de las que es fácil salir rechazado. Y es, ante todo, una película que hay que ser muy valiente para firmar: escapa a toda lógica narrativa mainstream para jugárselo todo a la carta del histrionismo y de la hipérbole, llevando el argumento a un punto enfermizo que roza lo ridículo… o lo sublime… o entra de lleno en lo uno… o en lo otro…

No todas las sensibilidades están preparadas para aceptar un reto tan poco convencional.

3. ATÓMICA (Atomic Blonde, 2017, David Leitch)

Si algo ha dejado claro este 2017 es que tanto David Leitch con esta película, como Chad Stahelski con John Wick: Pacto de sangre son en la actualidad los dos directores más dotados para el cine de acción en Estados Unidos. Atómica, en este sentido, contiene sin ninguna duda la mejor secuencia de acción de todo el año: la dolorosa e interminable pelea de la protagonista en las escaleras de un edificio.

La violencia de Atómica es tremendamente física, nada que ver con lo que habitualmente nos tiene acostumbrados el cine yanqui. Está, para entendernos, mucho más cerca de la violencia del cine asiático, aunque aún le queda bastante para llegar a algo tan salvaje y bestial como The Raid.

Sin embargo, a este paso y con películas tan bien filmadas y que dejan al espectador tan agotado como esta, quizás alcance ese nivel antes de lo que nos esperamos.

2. DUNKERQUE (Dunkirk, 2017, Christopher Nolan)

Nolan lo ha vuelto a conseguir. Trate el género que trate, la ciencia-ficción, la fantasía, el cine bélico, el drama de misterio. Da igual. Su carrera se cimenta en experiencias audiovisuales, más que en películas, porque eso es lo que nos ofrece: experiencias que inundan los ojos, que rebosan en los oídos, que suspenden el tiempo mientras dura la proyección. El tiempo. El gran protagonista de Dunkerque. Aunque bastante menos críptico de lo que todo hacía presuponer, la estructura narrativa dividida en tres lógicas temporales distintas vuelve a posicionar a Nolan como el gran narrador audiovisual que sin duda es.

Sus películas no se ven, se viven. Es difícil explicarlo con palabras. Pero por eso mismo, por el gran espectáculo que va siempre asociado a su cine, por sus ya indisociables retos narrativos que hacen que cada una de sus películas se disfrute antes, durante y después, y por Hans Zimmer.

Por todo esto, y por mucho más que soy incapaz de resumir en el espacio de este texto, Christopher Nolan es el director de cine vivo más interesante del planeta Tierra.

1. LOGAN (Logan, 2017, James Mangold)

Que una película de Star Wars se cuele entre las 10 mejores del año es una sorpresa. Que lo haga una serie de televisión es una sorpresa mayúscula. Pero que la mejor película de todo 2017, sin discusión, pertenezca a un género como el de los super héroes, que en los últimos años se ha convertido en un auténtico coñazo, es algo tan inesperado como maravilloso.

Y no veníamos de un buen sitio, precisamente. Las películas anteriores de Lobezno eran mediocres hasta decir basta. Como casi todas las de vengadores, thores, iron manes y demás fauna heroica que solo produce películas repetitivas, aburridas, uniformes, y carentes de la más mínima imaginación.

Pero el enfoque de Logan es completamente distinto. Concebida como una clausura, su crepuscular historia es la de un pasado que se niega a desaparecer, un pasado que necesita ser aceptado para poder seguir adelante, un pasado que, paradójicamente, puede ser la única vía de salvación para que una nueva generación de niños no repita los mismos errores que Logan.

Dotada de un sentido del pathos demoledor, Logan deviene una especia de road movie donde la esperanza convive con la decrepitud, en una combinación que por excepcional acaba resultando bellísima.

Sus extraordinarios hallazgos, tanto a nivel de guion como de interpretación (inmenso, inmensísimo Hugh Jackman), trascienden el género de super héroes y la posicionan directamente como un producto de una envergadura cinematográfica difícil de alcanzar.

No es que sea la mejor película del año: es la mejor película de super-héroes desde los Batman de Christopher Nolan.

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